Lunes al sol (en sentido figurado, por aquello de no ir a currar)...sin tener nada que hacer, aparentemente, claro... En realidad tengo que preparar mucho material para el curso que viene, ya que no existe material adaptado para mis alumnos, así que toca buscarse la vida y rebuscar juguetes y cuentos en los chinos para adaptarlos a la carta...También tengo que leer y comprar libros especializados...
Pero eso puede esperar, que sólo llevo dos días de vacaciones y todavía no tengo remordientos suficientemente grandes.
Por eso, el otro día me propuse ponerme con los habitantes okupas de mi habitación, sí, las cajas marrones (leer entrada "cajas marrones" de no sé qué mes anterior). Bueno, sólo me lo propuse, y buena éra mi intención, pero empecé a encontrar tesoros que me entretuvieron y otra vez me vi perdida...
Entre esos tesoros encontré varias cosas interesantes, por lo menos para mí, ya que están llenas de tantos sentimientos y tantos recuerdos... Me puse un poco nostálgica,para variar, y se me ocurrió escribir aquí sobre ellas, aunque sólo me emocionen a mi, por cuestiones personales y familiares, pero me parece un bonito detalle que se merece él.
Él es mi abuelo, al que siempre estuve tan unida y del que siempre me acuerdo en momentos inesperados, con un determinado olor, con una determinada canción ,etc...Una de las cosas que encontré era suya. Un libro con cuentos, guiones y obras inacabadas. Todo en plan hobbie, ya que no era escritor de profesión. En el prólogo cuenta que pertenecían a un proyecto de 12 relatos escritos entre 1942 y 1946, en colaboración con un amigo suyo, pero la muerte prematura de éste lo impidió. Así que, qué mejor homenaje que publicar aquí uno de ellos...Si estuviera vivo seguro que sería un abuelo bloguero y, como siempre me perdonaba todo y era la niña de sus ojos, me arriesgo a mostrar esto al pequeño público reducidísimo que me leeis. Y si no, que se manifieste, que me encantaría volver a verle y darle un beso y un abrazo fuerte...(es broma, no lo hagas, yayo, que me acojonaría...)
Bueno, allá va. Espero que os guste.
A UN ESPACIO
Un día decidí salir del anonimato. Estaba seguro de que valía mucho como escritor y era una lástima que la gente me ignorase. Como siempre, la oportunidad me había deparado un momento adecuado. Se trataba de un concurso literario sobre el tema "Tita la primera piedra y esconde la mano". Era la ocasión única; veinte cuertillas a un espacio. Me puse atrabajar como una fiera. La máquina de escribir temblaba a la impulsión victoriosa de mis dedos.
- Tap, tap, tap.
En la pensión todos empezaban a mirarme con cierto respeto. Yo escribía enfebrecido e inspirado: "Oh, tú, oído sutil, capaz de percibir la música de una piedra lanzada al espacio..."
La duda, ese mostruo maleducado que nos visita sin anunciarse, paralizó mis manos en un garabato suspendido y ridículo. Releí lo escrito: "...al espacio".
Empecé a sudar. "Espacio, sí, espacio -pensaba- ¿es esto a uno o a dos espacios?" Me parecía infinita la distancia entre los dos renglones. Aquello debíoa a ser a dos espacios. Empezaría de nuevo. Una de las bases determinaba, precisamente, que debía escribirse a uno...
-Tap, tap, tap.
Al cambiar los papeles todos me miraban de reojo.
- "Oh, tú, oído sutil, capaz de percibir la música de una piedra lanzada al espacio..."
¡NO!, ¡NO! Las líneas se apretaban demasiado, como una familia numerosa y pobre muerta de frío. Sentí una sensación de ahogo.
- No puede ser- balbucí desconcertado.
El sudor mojaba las páginas, que se arrugaron cual mejillas de vieja llorona.
Era preciso declararse vencido y pedir auxilio a alguien. Don Jacinto era boticario.
- Don Jacinto,hágame el favor- debía haber en mi voz un tono de angustia, porque tras don jacinto, los demás se acercaron- ¿Usted cuál cree que es a uno y a dos espacios?- proseguí, enseñándole las pruebas.
El aludido las miró indeciso.
- Yo creo que ésta- dijo señalando la primera- está a uno.La otra resulta demasiado cerca, sin duda a cero.
-¡No!- protestó el peluquero Venancio, herido en su amor propio- A cero no. Cuando yo trabajo a cero no queda tan negra la cabeza, y en cambio sí un buen espacio peludo. A cero debe ser el otro.
Era un argumento de fuerza. respiré anhelosamente...Entretanto, la pensión se había dividido en dos grupos vociferantes, partidarios del boticario o del peluquero. Tomé una decisión.
-He de enterarme- dije con voz firme. Y, arrancándoles las cuartillas, que estaban ya hechas una vedadera lástima, me lancé a la calle.
Recorrí todas las editoriales e imprentas. Me mraron asustados, confusos. Algunos me increpaban gritando:
-¡Usted tiene la culpa! ¡Yo sabía mi oficio antes de conocerle a usted!¡Podía distinguir perfectamente entre uno y dos espacios! Pero, ahora, ha introducido la duda en mi cerebro.
Y se dejaban caer al suelo, dando grititos cursis de niñas despechadas.
Yo tenía la cabeza hecha un lío. Necesitaba paz, sosiego, tranquilidad interior. Me fui a un parque. la naturaleza en conserva fue, l principio, un remanso para mi espíritu.
Los árboles y los pájaros se elevaban, como un himno en el espacio...
¡ESPACIO!
Otra vez la plabra maldita. Quise pensar en otra cosa,pero fue inútil.
Mi cerebro repetía: "Los árboles y los pájaros se elevaban, como un himno en el espacio..."
¡¡SÍ!! Pero, ¿a uno o a dos espacios?
Me senté, llorando, en un banco.