sábado, 31 de enero de 2009

El Funambulista

Él poseía ese arte. Mantenía el equilibrio sobre la cuerda, floja y fina,larga e interminable, sin esfuerzo. Mantenía también siempre los pies fríos, así que ya apenas notaba el tacto de la soga bajo sus plantas. Sólo tenía que concentrarse en mantener también fría la cabeza, levantada, mirando siempre al frente.

Sus brazos eran fuertes alas que le permitían corregir cualquier desvío que pudiera tener el peso de su cuerpo en el espacio. Siempre centrado, siempre uniforme e imperturbable ante cualquier golpe del viento.

Hasta que aperació ella. También funambulista como él. Un hormigueo recorrió su pecho y el calor se repartió por sus venas y arterias hasta hacerle sudar. No podía dejar de mirarla y de desear tocarla. Pero no podía, porque sus manos estaban ocupadas y agitadas, intentando mantener el equilibrio necesario para no caer. La caída podría ser mortal. La caída podría ser la definitiva.

El hormigueo se transformó en miedo e hizo que sus rodillas empezaran a doblarse y a perder fuera. Parecía que su cuerpo pesaba más, pero al mismo tiempo, era la primera vez que sentía que estaba flotando, que sentía que había aire y vacío bajo sus pies.
Sus pies también sudaban, y resbalaban peligrosabente, haciéndole titubear en sus movimientos y acelerando sus latidos.

Dónde estaba su equilibrio. Ahora que más lo necesitaba...le dejaba solo y sin fuerzas en el abismo más inmenso que jamás se había encontrado. Y ella se acercaba y se alejaba, con tanta seguridad...Ligera sobre la cuerda, sin tener que mover apenas sus brazos, sin despeinarse con el aire que él movía con los suyos para mentenerse derecho. Se deslizaba delicada y sonreía. Parecía feliz, aunque no sentía absolutamente nada. Andaba demasiado pendiente de su equilibrio y de su camino. No sentía la presencia de él ni el calor que este desprendía por ella.

Él luchaba contra su cuerpo y sus movimientos involuntarios, lo hacía con todas sus fuerzas y contra todas las fuerzas que le hacían tambalearse. Hasta que ya no pudo más. La miró por última vez. Y miró hacia abajo, sin poder ver el suelo que se hallaba tan lejano. Sintió vértigo. Perdió del todo su sentido de la orientación que siempre le había hecho saber dónde se encontraba y adónde tenía que dirigirse. El equilibrio era ya imposible contenerlo un segundo más. Se mareó y cayó.


Se rompió todos los huesos de su cuerpo. Nunca más podría subirse a la cuerda. Y entonces sintió un dolor que jamás había sentido. Y lloró como nunca había llorado. hasta que ya no pudo llorar más, y el dolor empezó a mitigar.


Pasó mucho tiempo. Un día pudo incorporarse; días después, levantarse. Luego empezó a caminar sobre suelo firme, pisando la delgada sombra que se proyectaba de la cuerda que quedaba a muchos metros de altura. Cojeaba y se clavaba cristales y piedras que había en el suelo. Sus pies tenían que aprender a caminar sobre esa superficie. Lo querían hacer despacio, sintiendo el suelo bajo cada dedo. Ahora andaba mirando al suelo, sin pincharse con nada, sin tropezar con ningún objeto tirado con el que se encontraba.

Hasta que se encontró con unos pies heridos frente a los suyos. Fue levantando su mirada, recorriéndola por las piernas y el cuerpo de la mujer a los que pertenecían. No, no era la mujer funambulista. Tampoco lo eran las demás personas que podía ver a su alrededor.Pero ahora podía mirar hacia arriba, hacia abajo, y girar sobre sí mismo. Podía seguir dando pasos en cualquier direción a la vez que lo contemplaba todo.

Vió a gente corriendo, saltando e incluso tumbados, retozando en el suelo, ocupando las manos en el cuerpo de sus amantes. Pero no estaba su funambulista.

Llegó a una escalera trenzada que subía hasta la cuerda de la que cayó. Subió. Esta vez cogería impulso y se tiraría conscientemente, estudiando la caída como si fuera un gato o un actor especialista... y con ella de la mano.


miércoles, 21 de enero de 2009

Londres en mi maleta (part two)

Londres en mi cámara...



Londres en mi iPod




Sí, también se me quedarán muchos momentos grabados en mi memoria no fotografiados. Como el recuerdo que me llevaré del musical de Queen "We Will Rock You". No teníamos pensado verlo, pero luego allí, tras pasar varias veces dentante del teatro, nos entró el gusanillo. Eso y el caer en la cuenta de que escuchar los temas de Queen, precisamente en Londres, cantadas en inglés y por ingleses (creo que en Madrid han traducido algunos temas)no podría estar mal.

Además, teniendo en cuenta que el público inglés debe ser bastante exigente y crítico, por no decir borde, y mucho más con algo tan suyo y tan querido por sus fans, y que lleva tantos años reprensentándose en la capital londinense...Pues pensamos que tendría que ser bueno, ¿no? Así que decidimos no perdérnoslo.

Si bien es verdad que queda muy lejos de las posibles comparaciones con el directo del grupo (digo yo, porque no tuve la suerte de verles), creo que te hace disfrutar de la música y pasar un buen rato. Además ver a las abuelas inglesas con mofletes sonrosados y pelo blanco vibrar y enloquecer con los temas de Queen no tiene precio.

Yo me lo pasé como una enana y agradecí que fuera un musical y que no tuviera mucho diálogo, por culpa de mi cada vez más olvidado y patético inglés, ese que me impidió ver "Spamalot" y el que hace que me tenga que conformar con poder ir a verlo a Barcelona.

Lo que eché de menos fue escuchar el "Show must go on", que por lo visto sólo lo tocan en ocasiones especiales, como aniversarios de la obra o en cumpleaños del mítico cantante. Y para "show", el que debió ser la aparición en escena de Brian May en el escenario en uno de esos días especiales...




Bueno, el viajecito se me hizo muy corto. Cuatro días, con comienzo de rebajas incluído,




justas y necesarias manifestaciones a favor del pueblo palestina, con sus consecuentes calles y transportes cortados,




No nos dieron para más...

Sé que voy a volver.

domingo, 18 de enero de 2009

Londres en mi maleta (part one)

Las chimeneas de Mary Poppins y sus deshollinadores:




La hora del movil sincronizada con el El Big Ben.







El atardecer en Hyde Park, el Parque donde se esconde el "niño eterno"...Peter Pan.




Hay que perderse entre sus árboles y buscarlo cerca del lago Serpentine
(no lo hicimos, ya que lo dejamos para el último día y sólo pudimos adentrarnos en el parque para cruzarlo, con maletas y todo, antes de irnos al aeropuerto)...



El quedarme helada (en todos los sentidos)con sus rincones






Ir de "shopping" paseando por los mercadillos y sus colores:





Portobello, en el snob barrio de Noting Hill,




o Candem Town...




para conocer el Londres más "alternativo"...



Donde pasarás inadvertido, vistas como vistas, seas como seas...



Lleves el peinado que lleves (no se ve bien el letrero)




Ya que es el lugar adecuado para encontrar tu sitio, para encontrar lo que buscas...



Aunque también hay gente que prefiere buscarlo en las famosas cabinas de teléfono...



que nos confirman que el rojo es el color que queda bien con todo




sobre todo con el gris de sus calles,

tranquilas




bulliciosas




o míticas





Las canciones que resuenan en Charnin Cross y las preciosas guitarras de los 60 y 70 que se pueden encontrar en sus tiendas




junto a los bajistas y cantantes que se anuncian en las paredes de sus callejones.





Las ganas de comprarme todos los juguetes, caramelos, trenes, soldaditos de plomo y chorradas que se pueden encontrar en la juguetería Hamley´s, una de las más grandes del mundo, que existe desde 1716.
Y es que ahí molan desde los ascensores



hasta el peluche que siempre quisite tener de pequeño




Bueno, y lo mejor de todo, fue que no sólo no nos llovió ni un solo día, si no que nos acompañó un cielo intensamente azul





y un frío polar inusualmente soleado




que hizo que regresara a Madrid quejándome de haberme perdido una nevada en Londres...( sí, hay que tener cuidado con los deseos...)

domingo, 4 de enero de 2009

"Año nuevo..."

Nada mejor para comenzar el año, que hacerlo con una viaje relámpago, sorpresa, sin planificarlo ni pensarlo. La culpa, de unos daiquiris de fresa el día 30, y mis casi 30 años que me hacen ser vieja para emocionarme con la Nochevieja, y joven como para seguir agobiándome y deprimiéndome por el tiempo que pasa y otro año que se va...

Por mi parte, doy por inaugurado el 2009, que no podía haberlo hecho mejor, y que sólo por eso ya apetece mejorarlo...y todavía quedan muchos meses para hacerlo. También doy por instaurada la tradición que a partir de ahora intentaré cumplir "a rajatabla" (que cuando me pongo puedo ser muy tradicional y conservadora): Año nuevo, destino nuevo...

En la próxima entrada, más detalles. Os dejo una pista.






Se me olvidaba:



¡¡¡FELIZ AÑOOOOO!!!