Él poseía ese arte. Mantenía el equilibrio sobre la cuerda, floja y fina,larga e interminable, sin esfuerzo. Mantenía también siempre los pies fríos, así que ya apenas notaba el tacto de la soga bajo sus plantas. Sólo tenía que concentrarse en mantener también fría la cabeza, levantada, mirando siempre al frente.
Sus brazos eran fuertes alas que le permitían corregir cualquier desvío que pudiera tener el peso de su cuerpo en el espacio. Siempre centrado, siempre uniforme e imperturbable ante cualquier golpe del viento.
Hasta que aperació ella. También funambulista como él. Un hormigueo recorrió su pecho y el calor se repartió por sus venas y arterias hasta hacerle sudar. No podía dejar de mirarla y de desear tocarla. Pero no podía, porque sus manos estaban ocupadas y agitadas, intentando mantener el equilibrio necesario para no caer. La caída podría ser mortal. La caída podría ser la definitiva.
El hormigueo se transformó en miedo e hizo que sus rodillas empezaran a doblarse y a perder fuera. Parecía que su cuerpo pesaba más, pero al mismo tiempo, era la primera vez que sentía que estaba flotando, que sentía que había aire y vacío bajo sus pies.
Sus pies también sudaban, y resbalaban peligrosabente, haciéndole titubear en sus movimientos y acelerando sus latidos.
Dónde estaba su equilibrio. Ahora que más lo necesitaba...le dejaba solo y sin fuerzas en el abismo más inmenso que jamás se había encontrado. Y ella se acercaba y se alejaba, con tanta seguridad...Ligera sobre la cuerda, sin tener que mover apenas sus brazos, sin despeinarse con el aire que él movía con los suyos para mentenerse derecho. Se deslizaba delicada y sonreía. Parecía feliz, aunque no sentía absolutamente nada. Andaba demasiado pendiente de su equilibrio y de su camino. No sentía la presencia de él ni el calor que este desprendía por ella.
Él luchaba contra su cuerpo y sus movimientos involuntarios, lo hacía con todas sus fuerzas y contra todas las fuerzas que le hacían tambalearse. Hasta que ya no pudo más. La miró por última vez. Y miró hacia abajo, sin poder ver el suelo que se hallaba tan lejano. Sintió vértigo. Perdió del todo su sentido de la orientación que siempre le había hecho saber dónde se encontraba y adónde tenía que dirigirse. El equilibrio era ya imposible contenerlo un segundo más. Se mareó y cayó.
Se rompió todos los huesos de su cuerpo. Nunca más podría subirse a la cuerda. Y entonces sintió un dolor que jamás había sentido. Y lloró como nunca había llorado. hasta que ya no pudo llorar más, y el dolor empezó a mitigar.
Pasó mucho tiempo. Un día pudo incorporarse; días después, levantarse. Luego empezó a caminar sobre suelo firme, pisando la delgada sombra que se proyectaba de la cuerda que quedaba a muchos metros de altura. Cojeaba y se clavaba cristales y piedras que había en el suelo. Sus pies tenían que aprender a caminar sobre esa superficie. Lo querían hacer despacio, sintiendo el suelo bajo cada dedo. Ahora andaba mirando al suelo, sin pincharse con nada, sin tropezar con ningún objeto tirado con el que se encontraba.
Hasta que se encontró con unos pies heridos frente a los suyos. Fue levantando su mirada, recorriéndola por las piernas y el cuerpo de la mujer a los que pertenecían. No, no era la mujer funambulista. Tampoco lo eran las demás personas que podía ver a su alrededor.Pero ahora podía mirar hacia arriba, hacia abajo, y girar sobre sí mismo. Podía seguir dando pasos en cualquier direción a la vez que lo contemplaba todo.
Vió a gente corriendo, saltando e incluso tumbados, retozando en el suelo, ocupando las manos en el cuerpo de sus amantes. Pero no estaba su funambulista.
Llegó a una escalera trenzada que subía hasta la cuerda de la que cayó. Subió. Esta vez cogería impulso y se tiraría conscientemente, estudiando la caída como si fuera un gato o un actor especialista... y con ella de la mano.
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sábado, 31 de enero de 2009
jueves, 20 de noviembre de 2008
LA PUTA DEL PERRO
Ese es el nombre de aquella mujer, porque así es como la llaman cuando hablan de ella cada vez que da que hablar. Sus paseos en la acera ya son suficientes para protagonizar y revolucionar las convencionales conversaciones de la gente del barrio. Seguramente alguien sabrá a quien me refiero: a la Puta del Perro.
Rojo y corto, así lleva el pelo. Rojo porque es demasiado mayor para llevar el pelo de un color más oscuro. Endurecería demasiado sus rasgos, ya de por sí ásperos y desagradables como su carácter. El rubio oxigenado destrozaría su débil y castigado cabello que, al igual que su cuerpo, ya había sufrido demasiadas agresiones. Y al igual que su cuerpo, tampoco le gusta que se lo manoseen, y menos sin cobrar por ello.
Por eso son sus manos las que lo tiñen de rojo.Del rojo cereza ,según pone en la etiqueta de aquella marca barata del súper. Por eso sus uñas quedan durante días manchadas de ese rojo, pareciendo más bien los restos un rojo sangre, de una huella de alguna autoagresión. También quedan manchadas de tinte, durante algunos días más, las juntas de las baldosas de la ducha ... Y así, una y otra vez frota y rasca impulsivamente esos restos rojos, esos que dan ese aspecto sucio al lugar destinado a limpiar y purificar su piel cada día.
Pero seguirá haciéndolo así siempre. Eso es mejor que ir a la peluquería. Es mejor que ir a ese sitio lleno de mujeres con pelo en los secadores, sin pelos en las lenguas. Lenguas viperinas recogidas en rulos, esperando la ocasión para soltarse.
Además, a la Puta del Perro nunca le cayeron bien las mujeres. Los hombres tampoco. Ni sus clientes. Ni los curas del colegio religioso a los que tan bien conoce. Siempre fue antipática y borde con todo el mundo. Nunca fue Irma la dulce. Siempre ha sido puta, sin nombre y amarga.El poco sentimiento y afecto que algunas veces siente es para sus perros.
Antes paseaba con un chucho pequeño, banco y negro, muy nervioso y vital. Ahora recorre el barrio con 3 o 4, también pequeños, disfrazados con ridículas chaquetas. Quizá por eso también estén siempre protestando, ladrando de forma aguda y enseñando sus dientecillos afilados. Ella también se disfraza con un chandal viejo mal combinado y gafas de sol para no mostrarse sin maquillaje. A veces sus dientes amarillos también quedan manchados por la barra de labios, porque se los pinta con prisa, sin mirarse en los espejos, entre servicio y servicio.
Siempre sola. Nunca se la ve con clientes, ni se deja ver por bares o restaurantes del barrio. Solo se la ve paseando con sus acompañantes de cuatro patas. Por eso es la Puta del Perro.
Rojo y corto, así lleva el pelo. Rojo porque es demasiado mayor para llevar el pelo de un color más oscuro. Endurecería demasiado sus rasgos, ya de por sí ásperos y desagradables como su carácter. El rubio oxigenado destrozaría su débil y castigado cabello que, al igual que su cuerpo, ya había sufrido demasiadas agresiones. Y al igual que su cuerpo, tampoco le gusta que se lo manoseen, y menos sin cobrar por ello.
Por eso son sus manos las que lo tiñen de rojo.Del rojo cereza ,según pone en la etiqueta de aquella marca barata del súper. Por eso sus uñas quedan durante días manchadas de ese rojo, pareciendo más bien los restos un rojo sangre, de una huella de alguna autoagresión. También quedan manchadas de tinte, durante algunos días más, las juntas de las baldosas de la ducha ... Y así, una y otra vez frota y rasca impulsivamente esos restos rojos, esos que dan ese aspecto sucio al lugar destinado a limpiar y purificar su piel cada día.
Pero seguirá haciéndolo así siempre. Eso es mejor que ir a la peluquería. Es mejor que ir a ese sitio lleno de mujeres con pelo en los secadores, sin pelos en las lenguas. Lenguas viperinas recogidas en rulos, esperando la ocasión para soltarse.
Además, a la Puta del Perro nunca le cayeron bien las mujeres. Los hombres tampoco. Ni sus clientes. Ni los curas del colegio religioso a los que tan bien conoce. Siempre fue antipática y borde con todo el mundo. Nunca fue Irma la dulce. Siempre ha sido puta, sin nombre y amarga.El poco sentimiento y afecto que algunas veces siente es para sus perros.
Antes paseaba con un chucho pequeño, banco y negro, muy nervioso y vital. Ahora recorre el barrio con 3 o 4, también pequeños, disfrazados con ridículas chaquetas. Quizá por eso también estén siempre protestando, ladrando de forma aguda y enseñando sus dientecillos afilados. Ella también se disfraza con un chandal viejo mal combinado y gafas de sol para no mostrarse sin maquillaje. A veces sus dientes amarillos también quedan manchados por la barra de labios, porque se los pinta con prisa, sin mirarse en los espejos, entre servicio y servicio.
Siempre sola. Nunca se la ve con clientes, ni se deja ver por bares o restaurantes del barrio. Solo se la ve paseando con sus acompañantes de cuatro patas. Por eso es la Puta del Perro.
domingo, 27 de julio de 2008
La vida patas arriba
En una entrada anterior hablé de un hombre que vive entre cartones en la calle Serrano, y de su perrita "Vida", a la que rescató de correr la misma suerte que sus 3 hermanos muertos en una alcantarilla.
Pues bien, alguien se paró el otro día a hablar con él. Al principio la conversación se centraba en la pequeña perrita y en sus juegos revoltosos. Poco a poco en la conversación trivial sobre el tiempo atmosférico y el calor que hace estos días en Madrid aparecieron otros temas, también sobre cambios y fuerzas de la naturaleza, pero esta vez sobre los movimientos sísmicos que se producen en nuestro interior. Ambos tenían la vida y los sentimientos revueltos.
Él, sucio, oliendo a sudor y a alcohol.Se llama Antonio y nació en 1956, auqnue aparentaba 10 años más. Ella preciosa,su olor incitaba a besarla. Joven, aunque a veces desengañada y desilusionada antes de cumplir los 30. Él le cedió su "lecho" de cartón y ella, vestida con su mejor traje de chaqueta se sentó en él. Delante de sus pies, los de él roñosos y heridos, los de ella, suaves y vestidos con unas elegantes sandalias,desfilaban pisadas veloces, indiferentes y ajenas a su conversación.
Tres pares de zapatos de tacón se pararon frente a la cachorrita. Eran tres pijas que sonreían enseñando los dientes y arrugando la nariz como tres hienas:
-¡¡¡Ooooohhhhh!!! Pero qué monoooooooooo...
Antonio se levantó de un salto, moviendo sus brazos como un gorila bruto y tierno en medio de la jungla:
- ¡Pues dame algo pá el mono!
Como era de esperar, salieron espantadas en busca de otro escaparate menos descarado.
Ambos se reían de lo mierda que era la vida. Se sentían tan bien...y los minutos pasaban, y no pesaban...¡Qué gran día!
- Esto ya va pareciendo una familia: el padre, la madre, el bebé...¡sólo nos falta el criado!- decía Antonio, mientras se fumaba un cigarro mugriento sujetado por sus manos callosas y ásperas.
Una hora más tarde, se despidieron. Ella tenía que volver al trabajo. Él tenía que volver a su soledad, sin una joven a su lado a la que hablar, a la que oler. Él volvió a ser invisible, y ella a desear serlo y desaparecer, al menos durante el tiempo necesario. Ambos volvieron a sus vidas, que como aquel animal inocente e indefenso, estaban patas arriba.
Pues bien, alguien se paró el otro día a hablar con él. Al principio la conversación se centraba en la pequeña perrita y en sus juegos revoltosos. Poco a poco en la conversación trivial sobre el tiempo atmosférico y el calor que hace estos días en Madrid aparecieron otros temas, también sobre cambios y fuerzas de la naturaleza, pero esta vez sobre los movimientos sísmicos que se producen en nuestro interior. Ambos tenían la vida y los sentimientos revueltos.
Él, sucio, oliendo a sudor y a alcohol.Se llama Antonio y nació en 1956, auqnue aparentaba 10 años más. Ella preciosa,su olor incitaba a besarla. Joven, aunque a veces desengañada y desilusionada antes de cumplir los 30. Él le cedió su "lecho" de cartón y ella, vestida con su mejor traje de chaqueta se sentó en él. Delante de sus pies, los de él roñosos y heridos, los de ella, suaves y vestidos con unas elegantes sandalias,desfilaban pisadas veloces, indiferentes y ajenas a su conversación.
Tres pares de zapatos de tacón se pararon frente a la cachorrita. Eran tres pijas que sonreían enseñando los dientes y arrugando la nariz como tres hienas:
-¡¡¡Ooooohhhhh!!! Pero qué monoooooooooo...
Antonio se levantó de un salto, moviendo sus brazos como un gorila bruto y tierno en medio de la jungla:
- ¡Pues dame algo pá el mono!
Como era de esperar, salieron espantadas en busca de otro escaparate menos descarado.
Ambos se reían de lo mierda que era la vida. Se sentían tan bien...y los minutos pasaban, y no pesaban...¡Qué gran día!
- Esto ya va pareciendo una familia: el padre, la madre, el bebé...¡sólo nos falta el criado!- decía Antonio, mientras se fumaba un cigarro mugriento sujetado por sus manos callosas y ásperas.
Una hora más tarde, se despidieron. Ella tenía que volver al trabajo. Él tenía que volver a su soledad, sin una joven a su lado a la que hablar, a la que oler. Él volvió a ser invisible, y ella a desear serlo y desaparecer, al menos durante el tiempo necesario. Ambos volvieron a sus vidas, que como aquel animal inocente e indefenso, estaban patas arriba.
martes, 19 de febrero de 2008
Promiscuidad (Ella)

Era un invierno más. Era una noche más de aquel frío y extraño mes. Febrero de 1932. Yo me maquillaba frente al tocador y coloreaba de rojo sangre mi boca caliente con forma de corazón pequeño, muy pequeño. Mis ojos grandes y tristemente maquillados sufrían de nuevo la presión de los rizadores de pestañas metálicos, duros y fríos, como el mismo febrero... Volí a limpiarme una lágrima negra que asomaba por el rabillo del ojo...Ellos también los hacían llorar.
Eran las 23:30, y el aire todavía olía a él, a pesar de que hacía ya casi 2 horas que había salido de mi cuerpo, y que había abandonado mi cama y este cuarto que ahora me parecía enorme y muerto sin él.
Volví a perfumarme al oír el claxon del auto. Quería matar todo rastro de él. Sus huellas estaban escondidas debajo de mi ropa. Me esperaba otra piel sin su olor, pero con más calor. Brindaríamos juntos por mi cumpleaños, y bailaríamos hasta el amanecer... si es que antes no me encontraban otros labios y otros brazos más fuertes, que no me dejaran escapar.
Escondí mis uñas afiladas de color carmín bajo mis guantes largos de raso. El resto de mi piel la escondería más tarde, debajo de otro raso, el raso de otras sábanas, nuevas para mí. Tras un tiempo indeterminado desenredando mis sentimientos y el interior de mi bolso,saqué una boquilla que se había mezclado con otros regalos suyos, también con el amor y el rencor.Encendí mi cigarro y me dirigí muy lentamente a la calle, disfrutando de cada pisada y del sonido de mis tacones clavándose en el piso.
LLegué a la fiesta. Conocía muchos rostros masculinos de los allí presentes. Pero no reconocía bien sus cuerpos que tantas veces recorrí desnudos, ahora tan cubiertos con trajes oscuros, ahogados con corbatas y pajaritas para que no se les escaparan palabras y sonrisas delatadoras. Él también estaba allí, acariciando y besando el metal brillante de su trompeta. Me vió, pero no me quiso mirar. Alguien me susurró al oído que estaba preciosa y me ofreció un trago.
Estuve toda la noche bailando, bebiendo, riendo y enamorándome de cada sonrisa que apuntara hacia mi escote. La orquesta no dejó de sonar y eso me excitaba aún más.
lunes, 18 de febrero de 2008
Promiscuidad (Él)
Cerró la puerta y bajó las escaleras de dos en dos mientras tarareaba la canción. Una vez en la calle se hizo el nudo de la corbata mirando su reflejo en el cristal sucio del escaparate de una babería cerrada. Al hacerlo, notó que sus manos todavía guardaban el dulce olor de ella. Después de aspirar su aroma cerrando los ojos a la vez que sonreía, vió que su pelo estaba todavía revuelto, tal y como lo habían despeinado las manos de ella con pasión. Sacó un peine del bolsillo de su chaqueta y lo deslizó peinándose hacia atrás descubriendo su frente, brillante por el sudor y despejada de remordimientos.
Levantó una mano para llamar la atención de un taxista, con la otra apretó fuertemente el estuche de su trompeta, como con un gesto de cariño que intentara prometer que nunca la abandonaría, que nunca dejaría de tocarla con sus dedos y de posar sus labios sobre ella cada noche.
Le dió al conductor un papel arrugado con la dirección de su destino y en pocos minutos ya estaba tocando con sus chicos en una nube de humo de tabaco, de risas, copas y curvas sensuales de mujeres desconocidas. Algunas de ellas las poseería aquella noche, más tarde,cuando dejara de acariciar a las metálicas, que en ese momento hacía sonar mientras contemplaba cómo ella coqueteaba con otros. Eso le excitaba aún más.
Just a gigolo
everywhere I go
people know the part
I'm playing
Paid for every dance
selling each romance
every night some heart
be traying
There will come a day
youth will pass away
then what will they say
about me
When the end comes I know
they'll say just a gigolo
as life goes on
without me
'Cause I aint got nobody
nobody nobody cares for me
I'm so sad and lonely
sad and lonely sad and lonely
Won't some sweet mama
come and take a chance with me
cause I aint so bad
Get along with me babe,
been singin love songs
All of the time
Even only be, honey only, only be
Bop bozadee bozadee bop zitty bop
I ain't got nobody 'cept love songs in love
Hummala bebhuhla zeebuhla boobuhla
hummala bebhuhla zeebuhla bop
I ain't got nobody, nobody,
nobody cares for me
Nobody , nobody
I'm so sad and lonely,
sad and lonely,
sad and lonely,
Won't some sweet mama come
and take a chance with me
cause I aint so bad
Get along with me babe,
been singin love songs
All of the time
Even only be, honey only, only be
Levantó una mano para llamar la atención de un taxista, con la otra apretó fuertemente el estuche de su trompeta, como con un gesto de cariño que intentara prometer que nunca la abandonaría, que nunca dejaría de tocarla con sus dedos y de posar sus labios sobre ella cada noche.
Le dió al conductor un papel arrugado con la dirección de su destino y en pocos minutos ya estaba tocando con sus chicos en una nube de humo de tabaco, de risas, copas y curvas sensuales de mujeres desconocidas. Algunas de ellas las poseería aquella noche, más tarde,cuando dejara de acariciar a las metálicas, que en ese momento hacía sonar mientras contemplaba cómo ella coqueteaba con otros. Eso le excitaba aún más.
Just a gigolo
everywhere I go
people know the part
I'm playing
Paid for every dance
selling each romance
every night some heart
be traying
There will come a day
youth will pass away
then what will they say
about me
When the end comes I know
they'll say just a gigolo
as life goes on
without me
'Cause I aint got nobody
nobody nobody cares for me
I'm so sad and lonely
sad and lonely sad and lonely
Won't some sweet mama
come and take a chance with me
cause I aint so bad
Get along with me babe,
been singin love songs
All of the time
Even only be, honey only, only be
Bop bozadee bozadee bop zitty bop
I ain't got nobody 'cept love songs in love
Hummala bebhuhla zeebuhla boobuhla
hummala bebhuhla zeebuhla bop
I ain't got nobody, nobody,
nobody cares for me
Nobody , nobody
I'm so sad and lonely,
sad and lonely,
sad and lonely,
Won't some sweet mama come
and take a chance with me
cause I aint so bad
Get along with me babe,
been singin love songs
All of the time
Even only be, honey only, only be
lunes, 17 de diciembre de 2007
Desmemorias de una Geisha

Se miraba en su pequeño espejo, pero no se encontraba ahí. Su reflejo tenía otro rostro, otros ojos, otro color...otra piel, rajada con líneas y arrugas desde hacía demasiado tiempo. Los surcos marcaban sus mejillas, desde sus párpados hasta su boca cerrada que tantas veces recogió la sal de sus lágrimas.
Ahora sólo quedaban las grietas secas. Hacía también mucho tiempo que ya no se mojaban con pena o dolor.Tanto tiempo que ya no lo recordaba. Ya no recordaba nada.
Había olvidado que su piel fue tan suave y tan fina porque nunca fue corrompida por el contacto de una caricia profunda,de esas que arrancan poco a poco toda la protección que un alma y cuerpo desnudo necesitan. Era irónico...tantas horas, tantos años, tanta vida cubriéndose y escondiéndose con su disfraz de porcelana...y ahora no le quedaba nada de él. Sólo quedaba ella, sola y áspera.
http://es.youtube.com/watch?v=QvyskAURwCs
Su boca, vieja, muerta, era un extraña mueca que parecía sonreir. Hace mucho tiempo sonrió, pero como su cara no estaba acostumbrada le dolió y dejó de hacerlo.Imaginaba que sus musculos se le romperían por dentro, y que quedaría desfigurada. No volvió a sonreir, y nunca nadie pudo oir su risa, que encerraba entre sus finas y blancas manos,cazándola si asomaba alguna vez.

Siempre fue pequeña, pero ahora los años pesados la habían convertido en una mujer muy menuda y encogida. Su cuello se había hundido y su espalda se había encorvado tanto que hacía mucho tiempo que no miraba al cielo, y al sol. En realidad no alzaba su mirada desde hacía demasiados años antes de que su vejez se lo impidiera físicamente. Antes, cuando era joven y bella, llevaba una peluca tan pesada que la obligaba a ir mirando siempre al suelo, y a contemplar con envidia los pasos ligeros, las largas zancadas y los grandes saltos que podían dar a su alrededor; mientras ella sólo podía arrastrar pequeños pasos, muy pequeños, sin avanzar, con sus pies diminutos y deformados.

Su corazón también estaba deformado, como su pie, hecho un nudo, apretado, que apenas podía palpitar y hacerla sentir viva.

Su mente perdió todos sus recuerdos, y su mirada perdida buscaba en su memoria algún recuerdo de algún amante, de alguien que la hubiera hecho feliz. No podía encontrarlo, no lo hubo. Ningún hombre pudo amarla y ella no lo recordaba, ningún hombre pudo ser amado por ella, y eso también lo había olvidado...porque no fue un hombre por quien su pequeño corazón alguna vez se encendió y latió.Pero todo aquello tampoco ya lo recordaba.
viernes, 21 de septiembre de 2007
Puzzle de huesos

Final de la jornada...final de la semana...final del verano...The End.
Llegas a casa,su cuerpo se hunde pesado en el sofá...y los sentimientos, los músculos y los miembros se relajan y se deshacen hasta morirse por hoy.
Queda en el suelo un montoncito de huesos fríos , descoloridos, duros y solos...molidos, mordidos...
Pero es viernes...comienzo del fin de semana, de cenas , música, de noches en blanco...
Preparaaaados...liiiistos...ya!
El cuerpo de la "mujer esqueleto" se levanta como una torre desde las falanges de los los dedos de los pies...sacando pecho, caja de pandora, caja de costillas,vacío, para cuando tenga que guardar en él un corazón.Y la calavera...bien alta, bien calva...sin un pelo de tonta.
Y así hasta volver a ser un montoncito de restos mortales dormidos...de domingo, de septiembre...
Tim Burton, The Killers, la playa, los autocines, el sexo( el no carnal, el que se siente en el tuétano. Huesos en movimiento)
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Cuentos,
Música,
Sentimientos pensados
lunes, 2 de julio de 2007
A UN ESPACIO
Lunes al sol (en sentido figurado, por aquello de no ir a currar)...sin tener nada que hacer, aparentemente, claro... En realidad tengo que preparar mucho material para el curso que viene, ya que no existe material adaptado para mis alumnos, así que toca buscarse la vida y rebuscar juguetes y cuentos en los chinos para adaptarlos a la carta...También tengo que leer y comprar libros especializados...
Pero eso puede esperar, que sólo llevo dos días de vacaciones y todavía no tengo remordientos suficientemente grandes.
Por eso, el otro día me propuse ponerme con los habitantes okupas de mi habitación, sí, las cajas marrones (leer entrada "cajas marrones" de no sé qué mes anterior). Bueno, sólo me lo propuse, y buena éra mi intención, pero empecé a encontrar tesoros que me entretuvieron y otra vez me vi perdida...
Entre esos tesoros encontré varias cosas interesantes, por lo menos para mí, ya que están llenas de tantos sentimientos y tantos recuerdos... Me puse un poco nostálgica,para variar, y se me ocurrió escribir aquí sobre ellas, aunque sólo me emocionen a mi, por cuestiones personales y familiares, pero me parece un bonito detalle que se merece él.
Él es mi abuelo, al que siempre estuve tan unida y del que siempre me acuerdo en momentos inesperados, con un determinado olor, con una determinada canción ,etc...Una de las cosas que encontré era suya. Un libro con cuentos, guiones y obras inacabadas. Todo en plan hobbie, ya que no era escritor de profesión. En el prólogo cuenta que pertenecían a un proyecto de 12 relatos escritos entre 1942 y 1946, en colaboración con un amigo suyo, pero la muerte prematura de éste lo impidió. Así que, qué mejor homenaje que publicar aquí uno de ellos...Si estuviera vivo seguro que sería un abuelo bloguero y, como siempre me perdonaba todo y era la niña de sus ojos, me arriesgo a mostrar esto al pequeño público reducidísimo que me leeis. Y si no, que se manifieste, que me encantaría volver a verle y darle un beso y un abrazo fuerte...(es broma, no lo hagas, yayo, que me acojonaría...)
Bueno, allá va. Espero que os guste.
A UN ESPACIO
Un día decidí salir del anonimato. Estaba seguro de que valía mucho como escritor y era una lástima que la gente me ignorase. Como siempre, la oportunidad me había deparado un momento adecuado. Se trataba de un concurso literario sobre el tema "Tita la primera piedra y esconde la mano". Era la ocasión única; veinte cuertillas a un espacio. Me puse atrabajar como una fiera. La máquina de escribir temblaba a la impulsión victoriosa de mis dedos.
- Tap, tap, tap.
En la pensión todos empezaban a mirarme con cierto respeto. Yo escribía enfebrecido e inspirado: "Oh, tú, oído sutil, capaz de percibir la música de una piedra lanzada al espacio..."
La duda, ese mostruo maleducado que nos visita sin anunciarse, paralizó mis manos en un garabato suspendido y ridículo. Releí lo escrito: "...al espacio".
Empecé a sudar. "Espacio, sí, espacio -pensaba- ¿es esto a uno o a dos espacios?" Me parecía infinita la distancia entre los dos renglones. Aquello debíoa a ser a dos espacios. Empezaría de nuevo. Una de las bases determinaba, precisamente, que debía escribirse a uno...
-Tap, tap, tap.
Al cambiar los papeles todos me miraban de reojo.
- "Oh, tú, oído sutil, capaz de percibir la música de una piedra lanzada al espacio..."
¡NO!, ¡NO! Las líneas se apretaban demasiado, como una familia numerosa y pobre muerta de frío. Sentí una sensación de ahogo.
- No puede ser- balbucí desconcertado.
El sudor mojaba las páginas, que se arrugaron cual mejillas de vieja llorona.
Era preciso declararse vencido y pedir auxilio a alguien. Don Jacinto era boticario.
- Don Jacinto,hágame el favor- debía haber en mi voz un tono de angustia, porque tras don jacinto, los demás se acercaron- ¿Usted cuál cree que es a uno y a dos espacios?- proseguí, enseñándole las pruebas.
El aludido las miró indeciso.
- Yo creo que ésta- dijo señalando la primera- está a uno.La otra resulta demasiado cerca, sin duda a cero.
-¡No!- protestó el peluquero Venancio, herido en su amor propio- A cero no. Cuando yo trabajo a cero no queda tan negra la cabeza, y en cambio sí un buen espacio peludo. A cero debe ser el otro.
Era un argumento de fuerza. respiré anhelosamente...Entretanto, la pensión se había dividido en dos grupos vociferantes, partidarios del boticario o del peluquero. Tomé una decisión.
-He de enterarme- dije con voz firme. Y, arrancándoles las cuartillas, que estaban ya hechas una vedadera lástima, me lancé a la calle.
Recorrí todas las editoriales e imprentas. Me mraron asustados, confusos. Algunos me increpaban gritando:
-¡Usted tiene la culpa! ¡Yo sabía mi oficio antes de conocerle a usted!¡Podía distinguir perfectamente entre uno y dos espacios! Pero, ahora, ha introducido la duda en mi cerebro.
Y se dejaban caer al suelo, dando grititos cursis de niñas despechadas.
Yo tenía la cabeza hecha un lío. Necesitaba paz, sosiego, tranquilidad interior. Me fui a un parque. la naturaleza en conserva fue, l principio, un remanso para mi espíritu.
Los árboles y los pájaros se elevaban, como un himno en el espacio...
¡ESPACIO!
Otra vez la plabra maldita. Quise pensar en otra cosa,pero fue inútil.
Mi cerebro repetía: "Los árboles y los pájaros se elevaban, como un himno en el espacio..."
¡¡SÍ!! Pero, ¿a uno o a dos espacios?
Me senté, llorando, en un banco.
Pero eso puede esperar, que sólo llevo dos días de vacaciones y todavía no tengo remordientos suficientemente grandes.
Por eso, el otro día me propuse ponerme con los habitantes okupas de mi habitación, sí, las cajas marrones (leer entrada "cajas marrones" de no sé qué mes anterior). Bueno, sólo me lo propuse, y buena éra mi intención, pero empecé a encontrar tesoros que me entretuvieron y otra vez me vi perdida...
Entre esos tesoros encontré varias cosas interesantes, por lo menos para mí, ya que están llenas de tantos sentimientos y tantos recuerdos... Me puse un poco nostálgica,para variar, y se me ocurrió escribir aquí sobre ellas, aunque sólo me emocionen a mi, por cuestiones personales y familiares, pero me parece un bonito detalle que se merece él.
Él es mi abuelo, al que siempre estuve tan unida y del que siempre me acuerdo en momentos inesperados, con un determinado olor, con una determinada canción ,etc...Una de las cosas que encontré era suya. Un libro con cuentos, guiones y obras inacabadas. Todo en plan hobbie, ya que no era escritor de profesión. En el prólogo cuenta que pertenecían a un proyecto de 12 relatos escritos entre 1942 y 1946, en colaboración con un amigo suyo, pero la muerte prematura de éste lo impidió. Así que, qué mejor homenaje que publicar aquí uno de ellos...Si estuviera vivo seguro que sería un abuelo bloguero y, como siempre me perdonaba todo y era la niña de sus ojos, me arriesgo a mostrar esto al pequeño público reducidísimo que me leeis. Y si no, que se manifieste, que me encantaría volver a verle y darle un beso y un abrazo fuerte...(es broma, no lo hagas, yayo, que me acojonaría...)
Bueno, allá va. Espero que os guste.
A UN ESPACIO
Un día decidí salir del anonimato. Estaba seguro de que valía mucho como escritor y era una lástima que la gente me ignorase. Como siempre, la oportunidad me había deparado un momento adecuado. Se trataba de un concurso literario sobre el tema "Tita la primera piedra y esconde la mano". Era la ocasión única; veinte cuertillas a un espacio. Me puse atrabajar como una fiera. La máquina de escribir temblaba a la impulsión victoriosa de mis dedos.
- Tap, tap, tap.
En la pensión todos empezaban a mirarme con cierto respeto. Yo escribía enfebrecido e inspirado: "Oh, tú, oído sutil, capaz de percibir la música de una piedra lanzada al espacio..."
La duda, ese mostruo maleducado que nos visita sin anunciarse, paralizó mis manos en un garabato suspendido y ridículo. Releí lo escrito: "...al espacio".
Empecé a sudar. "Espacio, sí, espacio -pensaba- ¿es esto a uno o a dos espacios?" Me parecía infinita la distancia entre los dos renglones. Aquello debíoa a ser a dos espacios. Empezaría de nuevo. Una de las bases determinaba, precisamente, que debía escribirse a uno...
-Tap, tap, tap.
Al cambiar los papeles todos me miraban de reojo.
- "Oh, tú, oído sutil, capaz de percibir la música de una piedra lanzada al espacio..."
¡NO!, ¡NO! Las líneas se apretaban demasiado, como una familia numerosa y pobre muerta de frío. Sentí una sensación de ahogo.
- No puede ser- balbucí desconcertado.
El sudor mojaba las páginas, que se arrugaron cual mejillas de vieja llorona.
Era preciso declararse vencido y pedir auxilio a alguien. Don Jacinto era boticario.
- Don Jacinto,hágame el favor- debía haber en mi voz un tono de angustia, porque tras don jacinto, los demás se acercaron- ¿Usted cuál cree que es a uno y a dos espacios?- proseguí, enseñándole las pruebas.
El aludido las miró indeciso.
- Yo creo que ésta- dijo señalando la primera- está a uno.La otra resulta demasiado cerca, sin duda a cero.
-¡No!- protestó el peluquero Venancio, herido en su amor propio- A cero no. Cuando yo trabajo a cero no queda tan negra la cabeza, y en cambio sí un buen espacio peludo. A cero debe ser el otro.
Era un argumento de fuerza. respiré anhelosamente...Entretanto, la pensión se había dividido en dos grupos vociferantes, partidarios del boticario o del peluquero. Tomé una decisión.
-He de enterarme- dije con voz firme. Y, arrancándoles las cuartillas, que estaban ya hechas una vedadera lástima, me lancé a la calle.
Recorrí todas las editoriales e imprentas. Me mraron asustados, confusos. Algunos me increpaban gritando:
-¡Usted tiene la culpa! ¡Yo sabía mi oficio antes de conocerle a usted!¡Podía distinguir perfectamente entre uno y dos espacios! Pero, ahora, ha introducido la duda en mi cerebro.
Y se dejaban caer al suelo, dando grititos cursis de niñas despechadas.
Yo tenía la cabeza hecha un lío. Necesitaba paz, sosiego, tranquilidad interior. Me fui a un parque. la naturaleza en conserva fue, l principio, un remanso para mi espíritu.
Los árboles y los pájaros se elevaban, como un himno en el espacio...
¡ESPACIO!
Otra vez la plabra maldita. Quise pensar en otra cosa,pero fue inútil.
Mi cerebro repetía: "Los árboles y los pájaros se elevaban, como un himno en el espacio..."
¡¡SÍ!! Pero, ¿a uno o a dos espacios?
Me senté, llorando, en un banco.
sábado, 19 de mayo de 2007
M y X
M es una mujer, una muñeca..., una marioneta de esas articuladas con hilos.Unos hilos tan largos, que no le dejan ver qué o quién los maneja. Su mirada no alcanza a verlo...porque M, además, es miope...y miedosa.
M medita todas las noches sobre su mundo...que está hecho una mierda. Ella lo sabe, pero la M también es de mentirse, y de mar de dudas...
La madre de M le ha enseñado a ser fuerte como el metal...resistente como la madera...Es su menester ser madura y soportar manotazos y mordiscos que da la vida...y aguantar más y más. Sentirse machacada y mantenerse muda.
Mientras, M va muriendo porque X no muestra los mimos que M merece..que ella sueña en su mecedora cada madrugada...Y la magia va menguando...y la misma M se hace cada vez más menuda...y no sabe dónde está, ni quién es, ni hacia dónde va...y se marea. A veces sólo quiere fluir en los meandros de un río y desembocar en las aguas saladas.Dejarse menear por las olas del maremoto que no puede controlar..que no puede combatir. Mojar las memorias que manchan su mente de murmullos tristes y mentiras miserables. Bailar con la música bajo los efectos de la morfina...
Una mañana M despierta convertida en mariposa multicolor. Los macabros meses pasaron...M se hizo mayor...se ama más y mejor. ¿Quizás un poco más malvada?, maestra de sí misma. Maravillosa. Metamorfosis. M necesitaba movimiento,escapar,aunque sólo fuese por un momento,aunque sólo fuese por un milenio, de su mediocre vida...que mermaba su alma como una tumor maligno.M se marchó.
Pobre X...qué decir de X.La perdió. No era una V de valiente, ni de víctima...ni de vivo. Era una X de xenófobia, xerocopia, xerófilo, xerografía,xifoides, xiláfago, xilófono y xilografía...No hay más sobre él en el diccionario.
Para mis Ms (Is, Ls, Vs, Ms, Bs, As...etc etc...)Las que hemos sido, somo o seremos Ms..y para los X y V con los que vivimos y nos hacen vivir.
M medita todas las noches sobre su mundo...que está hecho una mierda. Ella lo sabe, pero la M también es de mentirse, y de mar de dudas...
La madre de M le ha enseñado a ser fuerte como el metal...resistente como la madera...Es su menester ser madura y soportar manotazos y mordiscos que da la vida...y aguantar más y más. Sentirse machacada y mantenerse muda.
Mientras, M va muriendo porque X no muestra los mimos que M merece..que ella sueña en su mecedora cada madrugada...Y la magia va menguando...y la misma M se hace cada vez más menuda...y no sabe dónde está, ni quién es, ni hacia dónde va...y se marea. A veces sólo quiere fluir en los meandros de un río y desembocar en las aguas saladas.Dejarse menear por las olas del maremoto que no puede controlar..que no puede combatir. Mojar las memorias que manchan su mente de murmullos tristes y mentiras miserables. Bailar con la música bajo los efectos de la morfina...
Una mañana M despierta convertida en mariposa multicolor. Los macabros meses pasaron...M se hizo mayor...se ama más y mejor. ¿Quizás un poco más malvada?, maestra de sí misma. Maravillosa. Metamorfosis. M necesitaba movimiento,escapar,aunque sólo fuese por un momento,aunque sólo fuese por un milenio, de su mediocre vida...que mermaba su alma como una tumor maligno.M se marchó.
Pobre X...qué decir de X.La perdió. No era una V de valiente, ni de víctima...ni de vivo. Era una X de xenófobia, xerocopia, xerófilo, xerografía,xifoides, xiláfago, xilófono y xilografía...No hay más sobre él en el diccionario.
Para mis Ms (Is, Ls, Vs, Ms, Bs, As...etc etc...)Las que hemos sido, somo o seremos Ms..y para los X y V con los que vivimos y nos hacen vivir.
martes, 20 de marzo de 2007
Cuento Esquimal
LA MUJER ESQUELETO
"Había hecho algo que su padre no aprobaba, aunque ya nadie recordaba lo que era. Pero su padre la había arrastrado al acantilado y la había arrojado al mar. Allí los peces se comieron su carne y le arrancaron los ojos. Mientras yacía bajo la superficie del mar, su esqueleto daba vueltas y más vueltas en medio de las corrientes.
Un día vino un pescador, bueno, en realidad antes venían muchos pescadores a esta bahía. Pero aquel pescador se había alejado mucho del lugar donde vivía y no sabía que los pescadores de la zona procuraban no acercarse por allí, pues decían que en la cala había fantasmas.
El anzuelo del pescador se hundió en el agua y quedo prendido nada menos que de los huesos de la caja torácica de la Mujer Esqueleto.
El pescador pensó: "¡He pescado uno muy gordo! ¡Uno de los mas gordos!". Ya estaba calculando mentalmente cuantas personas podrían alimentarse con aquel pez tan grande, cuanto tiempo les duraría y cuanto tiempo el se podría ver libre de la ardua tarea de cazar. Mientras luchaba denodadamente con el enorme peso que colgaba del anzuelo, el mar se convirtió en una agitada espuma que hacia balancear y estremecer el kayak, pues la que se encontraba debajo estaba tratando de desengancharse. Pero, cuanto mas se esforzaba, más se enredaba el sedal.
A pesar de su resistencia, fue inexorablemente arrastrada hacia arriba, remolcada por los huesos de sus propias costillas.El cazador, que se había vuelto de espaldas para recoger la red, no vio como su calva cabeza surgía de entre las olas. No vio las minúsculas criaturas de coral brillando en las orbitas de su cráneo ni los crustáceos adheridos a sus viejos dientes de marfil.
Cuando el pescador se volvió de nuevo con la red, todo el cuerpo de la mujer había aflorado a la superficie y estaba colgando del extremo del kayak, prendido por uno de sus largos dientes frontales."¡Ay!", gritó el hombre mientras el corazón le caía hasta las rodillas, sus ojos se hundían aterrorizados en la parte posterior de la cabeza y las orejas se le encendían de rojo."¡Ay!", volvió a gritar golpeándola con el remo para desengancharla de la proa y remando como un desesperado rumbo a la orilla. Como no se daba cuenta de que la mujer estaba enredada en el sedal, se pego un susto tremendo al verla de nuevo, pues parecía que esta se hubiera puesto de puntillas sobre el agua y lo estuviera persiguiendo. Por mucho que zigzagueara con el kayak ella no se apartaba de su espalda, su aliento se propagaba sobre la superficie del agua en nubes de vapor y sus brazos se agitaban como si quisieran agarrarlo y hundirlo en las profundidades."¡Aaaaayy!", gritó el hombre con voz quejumbrosa mientras se acercaba a la orilla. Salto del kayak con la caña de pescar y echo a correr, pero el cadáver de la Mujer Esqueleto, tan blanco como el coral, lo siguió brincando a su espalda, todavía prendido en el sedal. El hombre corrió sobre las rocas y ella lo siguió. Corrió sobre la carne puesta a secar y la hizo pedazos con sus botas de piel de foca.
La mujer lo seguía por todas partes e incluso había agarrado un poco de pescado helado mientras el la arrastraba en pos de si. Y ahora estaba empezando a comérselo, pues llevaba muchísimo tiempo sin llevarse nada a la boca. Al final, el hombre llego a su casa de hielo, se introdujo en el túnel y avanzo a gatas hacia el interior. Sollozando y jadeando permaneció tendido en la oscuridad mientras el corazón le latía en el pecho como un gigantesco tambor. Por fin estaba a salvo, si, a salvo gracias a los dioses, gracias al Cuervo, si, y a la misericordiosa Sedna, estaba… a salvo… por fin.
Pero, cuando encendió su lámpara de aceite de ballena, la vio allí acurrucada en un rincón sobre el suelo de nieve de su casa, con un talón en el hombro, una rodilla en el interior de su caja toráxica y un pie sobre el codo. Mas tarde el hombre no pudo explicar lo que ocurrió, quizá la luz de la lámpara suavizo las facciones de la mujer o, a lo mejor, fue porque el era un hombre solitario. El caso es que se sintió invadido por una cierta compasión y lentamente alargo sus mugrientas manos y, hablando con dulzura como hubiera podido hablarle una madre a su hijo, empezó a desengancharla del sedal en el que estaba enredada.
"Bueno, bueno.". Primero le desenredó los dedos de los pies y después los tobillos. Siguió trabajando hasta bien entrada la noche hasta que, al final, cubrió a la Mujer Esqueleto con unas pieles para que entrara en calor y le coloco los huesos en orden tal como hubieran tenido que estar los de un ser humano.
Buscó su pedernal en el dobladillo de sus pantalones de cuero y utilizó unos cuantos cabellos suyos para encender un poco mas de fuego. De vez en cuando la miraba mientras untaba con aceite la valiosa madera de su caña de pescar y enrollaba el sedal de tripa. Y ella, envuelta en las pieles, no se atrevía a decir ni una sola palabra, pues temía que aquel cazador la sacara de allí, la arrojara en las rocas de abajo y le rompiera todos los huesos en pedazos.El hombre sintió que le entraba sueño, se deslizo bajo las pieles de dormir y enseguida empezó a soñar. A veces, cuando los seres duermen, se les escapa una lágrima de los ojos. No sabemos que clase de sueño lo provoca, pero sabemos que tiene que ser un sueño triste o nostálgico. Y eso fué lo que le ocurrió al hombre.
La Mujer Esqueleto vió el brillo de la lágrima bajo el resplandor del fuego y, de repente, le entró mucha sed. Se acercó a rastras al hombre dormido entre un crujir de huesos y acercó la boca a la lagrima. La solitaria lágrima fue como un río y ella bebió, bebió y bebió hasta que consiguió saciar su sed de muchos años.
Después, mientras permanecía tendida al lado del hombre, introdujo la mano en el interior del hombre dormido y le sacó el corazón, el que palpitaba tan fuerte como un tambor. Se incorporó y empezó a golpearlo por ambos lados: ¡Pom, Pom!... ¡Pom, Pom!
Mientras lo golpeaba, se puso a cantar "¡Carne, carne, carne! ¡Carne, carne, carné!". Y, cuanto más cantaba, tanto mas se le llenaba el cuerpo de carne. Pidió cantando que le saliera el cabello y unos buenos ojos y unas rollizas manos. Pidió cantando la hendidura de la entrepierna, y unos pechos lo bastante largos como para envolver y dar calor y toda las cosas que necesita una mujer.
Y, cuando terminó, pidió cantando que desapareciera la ropa del hombre dormido y se deslizó a su lado en la cama, piel contra piel. Devolvió el gran tambor, el corazón, a su cuerpo y así fue cómo ambos se despertaron, abrazados el uno al otro después de pasar la noche juntos, pero ahora de otra manera, de una manera buena y perdurable.
La gente que no recuerda la razón de su mala suerte dice que la mujer y el pescador se fueron y, a partir de entonces, las criaturas que ella había conocido durante su vida bajo el agua, se encargaron de proporcionarles siempre el alimento. La gente dice que es verdad y que eso es todo lo que se sabe."
Un día vino un pescador, bueno, en realidad antes venían muchos pescadores a esta bahía. Pero aquel pescador se había alejado mucho del lugar donde vivía y no sabía que los pescadores de la zona procuraban no acercarse por allí, pues decían que en la cala había fantasmas.
El anzuelo del pescador se hundió en el agua y quedo prendido nada menos que de los huesos de la caja torácica de la Mujer Esqueleto.
El pescador pensó: "¡He pescado uno muy gordo! ¡Uno de los mas gordos!". Ya estaba calculando mentalmente cuantas personas podrían alimentarse con aquel pez tan grande, cuanto tiempo les duraría y cuanto tiempo el se podría ver libre de la ardua tarea de cazar. Mientras luchaba denodadamente con el enorme peso que colgaba del anzuelo, el mar se convirtió en una agitada espuma que hacia balancear y estremecer el kayak, pues la que se encontraba debajo estaba tratando de desengancharse. Pero, cuanto mas se esforzaba, más se enredaba el sedal.
A pesar de su resistencia, fue inexorablemente arrastrada hacia arriba, remolcada por los huesos de sus propias costillas.El cazador, que se había vuelto de espaldas para recoger la red, no vio como su calva cabeza surgía de entre las olas. No vio las minúsculas criaturas de coral brillando en las orbitas de su cráneo ni los crustáceos adheridos a sus viejos dientes de marfil.
Cuando el pescador se volvió de nuevo con la red, todo el cuerpo de la mujer había aflorado a la superficie y estaba colgando del extremo del kayak, prendido por uno de sus largos dientes frontales."¡Ay!", gritó el hombre mientras el corazón le caía hasta las rodillas, sus ojos se hundían aterrorizados en la parte posterior de la cabeza y las orejas se le encendían de rojo."¡Ay!", volvió a gritar golpeándola con el remo para desengancharla de la proa y remando como un desesperado rumbo a la orilla. Como no se daba cuenta de que la mujer estaba enredada en el sedal, se pego un susto tremendo al verla de nuevo, pues parecía que esta se hubiera puesto de puntillas sobre el agua y lo estuviera persiguiendo. Por mucho que zigzagueara con el kayak ella no se apartaba de su espalda, su aliento se propagaba sobre la superficie del agua en nubes de vapor y sus brazos se agitaban como si quisieran agarrarlo y hundirlo en las profundidades."¡Aaaaayy!", gritó el hombre con voz quejumbrosa mientras se acercaba a la orilla. Salto del kayak con la caña de pescar y echo a correr, pero el cadáver de la Mujer Esqueleto, tan blanco como el coral, lo siguió brincando a su espalda, todavía prendido en el sedal. El hombre corrió sobre las rocas y ella lo siguió. Corrió sobre la carne puesta a secar y la hizo pedazos con sus botas de piel de foca.
La mujer lo seguía por todas partes e incluso había agarrado un poco de pescado helado mientras el la arrastraba en pos de si. Y ahora estaba empezando a comérselo, pues llevaba muchísimo tiempo sin llevarse nada a la boca. Al final, el hombre llego a su casa de hielo, se introdujo en el túnel y avanzo a gatas hacia el interior. Sollozando y jadeando permaneció tendido en la oscuridad mientras el corazón le latía en el pecho como un gigantesco tambor. Por fin estaba a salvo, si, a salvo gracias a los dioses, gracias al Cuervo, si, y a la misericordiosa Sedna, estaba… a salvo… por fin.
Pero, cuando encendió su lámpara de aceite de ballena, la vio allí acurrucada en un rincón sobre el suelo de nieve de su casa, con un talón en el hombro, una rodilla en el interior de su caja toráxica y un pie sobre el codo. Mas tarde el hombre no pudo explicar lo que ocurrió, quizá la luz de la lámpara suavizo las facciones de la mujer o, a lo mejor, fue porque el era un hombre solitario. El caso es que se sintió invadido por una cierta compasión y lentamente alargo sus mugrientas manos y, hablando con dulzura como hubiera podido hablarle una madre a su hijo, empezó a desengancharla del sedal en el que estaba enredada.
"Bueno, bueno.". Primero le desenredó los dedos de los pies y después los tobillos. Siguió trabajando hasta bien entrada la noche hasta que, al final, cubrió a la Mujer Esqueleto con unas pieles para que entrara en calor y le coloco los huesos en orden tal como hubieran tenido que estar los de un ser humano.
Buscó su pedernal en el dobladillo de sus pantalones de cuero y utilizó unos cuantos cabellos suyos para encender un poco mas de fuego. De vez en cuando la miraba mientras untaba con aceite la valiosa madera de su caña de pescar y enrollaba el sedal de tripa. Y ella, envuelta en las pieles, no se atrevía a decir ni una sola palabra, pues temía que aquel cazador la sacara de allí, la arrojara en las rocas de abajo y le rompiera todos los huesos en pedazos.El hombre sintió que le entraba sueño, se deslizo bajo las pieles de dormir y enseguida empezó a soñar. A veces, cuando los seres duermen, se les escapa una lágrima de los ojos. No sabemos que clase de sueño lo provoca, pero sabemos que tiene que ser un sueño triste o nostálgico. Y eso fué lo que le ocurrió al hombre.
La Mujer Esqueleto vió el brillo de la lágrima bajo el resplandor del fuego y, de repente, le entró mucha sed. Se acercó a rastras al hombre dormido entre un crujir de huesos y acercó la boca a la lagrima. La solitaria lágrima fue como un río y ella bebió, bebió y bebió hasta que consiguió saciar su sed de muchos años.
Después, mientras permanecía tendida al lado del hombre, introdujo la mano en el interior del hombre dormido y le sacó el corazón, el que palpitaba tan fuerte como un tambor. Se incorporó y empezó a golpearlo por ambos lados: ¡Pom, Pom!... ¡Pom, Pom!
Mientras lo golpeaba, se puso a cantar "¡Carne, carne, carne! ¡Carne, carne, carné!". Y, cuanto más cantaba, tanto mas se le llenaba el cuerpo de carne. Pidió cantando que le saliera el cabello y unos buenos ojos y unas rollizas manos. Pidió cantando la hendidura de la entrepierna, y unos pechos lo bastante largos como para envolver y dar calor y toda las cosas que necesita una mujer.
Y, cuando terminó, pidió cantando que desapareciera la ropa del hombre dormido y se deslizó a su lado en la cama, piel contra piel. Devolvió el gran tambor, el corazón, a su cuerpo y así fue cómo ambos se despertaron, abrazados el uno al otro después de pasar la noche juntos, pero ahora de otra manera, de una manera buena y perdurable.
La gente que no recuerda la razón de su mala suerte dice que la mujer y el pescador se fueron y, a partir de entonces, las criaturas que ella había conocido durante su vida bajo el agua, se encargaron de proporcionarles siempre el alimento. La gente dice que es verdad y que eso es todo lo que se sabe."
Este cuento es una leyenda inuit. No comentaré nada más en este post. Como dice Jorge Bucay, los cuentos no están para explicarlos, ya que perderían su sentido...cada uno entenderá y sacará el sentido que para el/ella le sea valioso.
Yo he extraído este cuento del libro "Mujeres que corren con lobos". Es de una Psicóloga (Clarissa Pinkola) que trata mitos y cuentos de todas las culturas y tiempos...en ellos psicoanaliza la condición de la mujer, según los rígidos papeles sociales a los que ha sido sometida, etc...A mi, personalmente me ha decepcionado...y de hecho llevo casi un año intentando acabarlo...y no puedo. No estoy deacuerdo en muchas cosas...ya que se supone que la autora pretende devolver la fuerza y seguridad que toda "mujer salvaje" (toda mujer instintiva) debe recuperar.Pero resulta que da unos sermones llenos de moralejas y topicazos que me resultan todavía más machistas y pasados que los propios cuentos.
¿Por qué se empeña la gente en enfrentar tanto los sentimientos de los tíos y las tías? una cosa es que sintamos de forma diferente (sea por la educación, la cultura o las hormonas, o todo junto) y otra que tengan q ser contrarias...vamos, digo yo.
El caso es que este cuento gana si no t lees a continuación sus comentarios.
P.D: Lo siento Vero, no puedo evitar acordarme de que eres la única persona que conozco que se ha liado con un esquimal...tenía q decirlo, sorry. Es q me parece tan fuerte!!! No he podido resistirme.
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