lunes, 17 de diciembre de 2007

Desmemorias de una Geisha




Se miraba en su pequeño espejo, pero no se encontraba ahí. Su reflejo tenía otro rostro, otros ojos, otro color...otra piel, rajada con líneas y arrugas desde hacía demasiado tiempo. Los surcos marcaban sus mejillas, desde sus párpados hasta su boca cerrada que tantas veces recogió la sal de sus lágrimas.

Ahora sólo quedaban las grietas secas. Hacía también mucho tiempo que ya no se mojaban con pena o dolor.Tanto tiempo que ya no lo recordaba. Ya no recordaba nada.
Había olvidado que su piel fue tan suave y tan fina porque nunca fue corrompida por el contacto de una caricia profunda,de esas que arrancan poco a poco toda la protección que un alma y cuerpo desnudo necesitan. Era irónico...tantas horas, tantos años, tanta vida cubriéndose y escondiéndose con su disfraz de porcelana...y ahora no le quedaba nada de él. Sólo quedaba ella, sola y áspera.

http://es.youtube.com/watch?v=QvyskAURwCs


Su boca, vieja, muerta, era un extraña mueca que parecía sonreir. Hace mucho tiempo sonrió, pero como su cara no estaba acostumbrada le dolió y dejó de hacerlo.Imaginaba que sus musculos se le romperían por dentro, y que quedaría desfigurada. No volvió a sonreir, y nunca nadie pudo oir su risa, que encerraba entre sus finas y blancas manos,cazándola si asomaba alguna vez.





Siempre fue pequeña, pero ahora los años pesados la habían convertido en una mujer muy menuda y encogida. Su cuello se había hundido y su espalda se había encorvado tanto que hacía mucho tiempo que no miraba al cielo, y al sol. En realidad no alzaba su mirada desde hacía demasiados años antes de que su vejez se lo impidiera físicamente. Antes, cuando era joven y bella, llevaba una peluca tan pesada que la obligaba a ir mirando siempre al suelo, y a contemplar con envidia los pasos ligeros, las largas zancadas y los grandes saltos que podían dar a su alrededor; mientras ella sólo podía arrastrar pequeños pasos, muy pequeños, sin avanzar, con sus pies diminutos y deformados.





Su corazón también estaba deformado, como su pie, hecho un nudo, apretado, que apenas podía palpitar y hacerla sentir viva.





Su mente perdió todos sus recuerdos, y su mirada perdida buscaba en su memoria algún recuerdo de algún amante, de alguien que la hubiera hecho feliz. No podía encontrarlo, no lo hubo. Ningún hombre pudo amarla y ella no lo recordaba, ningún hombre pudo ser amado por ella, y eso también lo había olvidado...porque no fue un hombre por quien su pequeño corazón alguna vez se encendió y latió.Pero todo aquello tampoco ya lo recordaba.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Me ha gustado mucho tu blog. felicidades