lunes, 13 de agosto de 2007

Veranos playeros

Ya he regresado de unos días de descanso en familia en la playa. He bajado casi todos los días a la playa, ese lugar en el que se juntan dos elementos opuestos (agua y tierra) y que por alguna extraña razón producen un efecto de atracción casi adictiva a la gran mayoría de los seres humanos.

Entiendo que la belleza de un paisaje natural lo haga, ver ponerse el sol en un atardecer estival mirando al cielo ensangrentado y a un mar frío y azul es un placer equivalente a soñar, es arte. Pero no nos engañemos, millones de personas recorren miles de kilómetros para juntarse todos, como hormigas negras cabreadas e impacientes alrededor de unas migajas abandonadas. Pero...¿por qué?, ¿para qué?...Porque a mi me gusta la playa por la tarde, cuando el sol ya no quema, ni la arena, ni las voces de los paletos, ni los llantos de los niños...Cuando entonces sí q es una gozada contemplar el paisaje y no pensar en nada mientras te hipnotizan las olas...o pensar en eso en lo que siempre uno se queda pensando en soledad...hasta que miras el reloj y te das cuenta de que ya son las 9 de la noche y todavía sabes y hueles a arena y sal.






La gente cuando baja a la playa es por la mañana, bien tempranito...incluso algunos madrugan en sus días vacacionales para llegar pronto a la orilla, clavar la sombrilla como un astronauta patético al llegar a un planeta, ya invadido por miles banderas, por millones de astronautas y trillones de extraterrestres venidos de sus galaxias. Y entre tanta alienación de lo que debe ser un paraíso, otra alienada, o alienígena,yo, espectadora de...¿el espectáculo?

La verdad es que es más curioso que el metro...de hecho es el caso opuesto. En el metro la gente es fría, los rostros hieráticos, inexpresivos, sin dejar que se trensmita ni un sentimiento, ni una emoción...salvo el estado de amargado, cabreado, las prisas y cosas así. En la playa, por el contrario, las personas se desnudan física y emocionalmente, sin ningún tipo de complejo.Enseñan sus michelines, sus tetas y sus miserias, mantienen discusiones íntimas y relaciones sexuales públicas sin ningún tipo de reparo. Todo el mundo es partícipe de lo que le ocurre al de al lado, aunque no quiera:

De la conversación del móvil que tiene con fulanito, por lo que uno se entera de qué le ha pasado o dejado de pasar durante la última semana con todo lujo de detalles (innecesarios, por otra parte).

Del calor que tiene, cómo le parece que está el agua, lo buena que está la paella en tal o cuál sitio...

De lo bien o mal operada que tiene las tetas la piba a la que todos y todas miran descaradamente tras sus gafas de sol de camuflaje...

De las direferentes relaciones de las parejas que a una le rodean. Si lelvan poco tiempo se magrearán sin ningún pudor y tendrán que ir varias veces a refrescar su fuego interior en las aguas marinas. Si son matrimonio con hijos, no se dirigirán la palabra, ni un gesto de cariño, y en todo caso, lo harán para culparse mutuamente por algo q no han comprado, por algo que no han hecho con los niños, de no haber montado al campamento de sombrillas, toallas, sillas etc.. en otro sitio mejor(aunq en el fondo de lo q se sienten culpables de haberse casado con la persona equivocada mientran miran a la parejita que está en el agua).

De lo poco que juegan algunos padres con sus hijos y de lo mucho que lo hacen otros...

De lo mucho que se parecen las vacaciones de verano a las cenas de Navidad familiares, aunque ahora sin tanta ropa ni tapujos, que en bañador todo el mundo está al mismo nivel y pierde honor y respeto.

De lo patético que resulta un viejo verde intentando ligar con una piva con cuerpazo, esas que todas envidiamos...Una de dos: o el tío está muy pero que muy perjudicado al pensar que tiene alguna mínima oportunidad de ligar, o la considera una puta, y encima de las baratas, capaz de dejarse sobar por un sapo baboso como él a cambio de un tinto de verano...


Aún así he disfrutado mucho, he dormido, comido y bebido en exceso,así que ahora ya toca la dieta preotoñal de rigor, sin playas, ni topless, ni chiringuitos... de metro, asfalto e internet.

Lo que me he traído de la playa:





Los recuerdos eternos de mi infancia en la playa con mi hermano (cuando aún nos llevabamos bien)y mis abuelos, haciendo volcanes que echaban humo, ballenas de barro con filas de dientes hechas con conchitas, castillos con fosos, montañas de churros, albóndigas rebozadas, pócimas de bruja con algas dentro de cubos de plástico de colores...Hay que ver, el tiempo hace con nosotros lo que quiere, y lo que uno no quiere.

La sensación de volver a pasar un verano más de mi vida con mis padres, que me cuidan como si fuera la niña pequeña de siempre, y mi cariño hacia ellos a los que quiero más que cuando era una niña, y a los que debería cuidar cada vez más como si los niños fueran ellos.

La pena que me da no poder volver a ver a ningún perro jugando en el agua y nadando en montones de arena, disfrutando infinítamente yo al verle tan libre y tan feliz en ese instante. La Comunidad Valenciana ya se(me) lo prohibe por ley.

La curiosidad de cuánto de diferente sería la playa el 10 de julio de 1926... día en que una adolescente dibujó en su cuaderno lo que sus ojos veían o imaginaban esa mañana o tarde de verano y que 81 años, un mes y tres días después su sobrina-nieta publicaría en su blog.


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