domingo, 4 de noviembre de 2007

Mi reloj personal

Hace una semana o así que tuvimos que cambiar la hora de nuestros relojes, adelantándola 60 minutos, y con ello cambiar nuestro ritmo biológico, nuestro reloj interno.

El lunes cuando salí de casa por la mañana me di cuenta de que no me muevo por mi reloj interno, sino por mi reloj personal. Sí, personal porque sólo puede marcar mi tiempo, de forma única e intransferible. Personal porque las agujas son mis miradas, mis lugares cotidianos, y porque los minutos y las horas son las personas, conocidas o anónimas, que construyen mi día a día. Antes de darme cuenta de esto, no pensaba que mis días fueran tan rutinarios.

Por otra parte, yo que siempre huyo de la vida rutinaria, y que suelo pensar haber ganado la batalla contra ese demonio llamado aburrimiento, me sorprendo sintiéndome "tan a gustitoooo", arropada y segura, con tanta previsibilidad en mi día a día.


Será que nunca llevo reloj. Nunca lo llevaba, hasta que alguien me regaló uno, y lo llevé durante 3 años. Cuando ese alguien salió de mi vida, el reloj pasó a mejor vida en una caja de objetos cargados de valores sentimentales para olvidarlos sin perderlos. Ahora utilizo el móvil como reloj. Por eso, cuando el otro día tuve que cambiar la hora marcada en él,no me sentí segura.No me fío de las máquinas, y mucho menos de mi móvi.


A las 6 y media sonó la alarma. A las 6:45 me levanté por fin de la cama y empecé a ducharme y a hacer esfuerzos por volver a ser persona. Cuando salí de casa a las 7 y media...o a lo mejor a las 7:45, me sentí rara. Más bien acojonada, porque había tanta luz, que la sospecha de que me había quedado dormida, o que no había cambiado la hora empezó a juguetear por mi pecho. ¿La habría cambiado? ¿lo habría hecho correctamente?


Entonces fue cuando se puso en marcha mi reloj personal.

De camino a la boca del metro, pasó el 72. Estaba casi en la parada, y me subí en él para ahorrar tiempo...por si a caso. El conductor de pelo canoso, era el que suelo ver cuando voy a currar, así que me tranquilizó un porquito. pero claro, a lo mejor era ya su segundo, tercer o cuarto viaje por mi parada...y otra vez la duda me hizo sudar.


Entonces subió una chica al autobús en la siguiente parada. Solemos coincidir. Es una chica del barrio, estudió en mi colegio. Tiene una hermana gemela. Pero...¿sería su hermana gemela?¿ y si no cambió la hora? ¿y si se habría quedado dormida? Tanta luz solar por la ventana me tenía preocupada...si tuviera un reloj solar me ayudaría...si supiera usarlo, claro, y si fuese fiable tras el cambio horario...

Ya bajando del autobús, en la boca del metro de Avenida de América, no vi a la pareja que cada mañana se despide con un beso rápido, cotidiano y familiar, antes de que los caminos hacia sus respectivos trabajos les separen. ¿Se habrían enterado del cambio horario? ¿Habrían aprovechado unos minutos más en la cama,durmiendo abrazados o amaneciendo con unos momentos de sexo y amor matutinos?

Ya en el andén le encontré a él. Por su cara de sueño y aburrimiento, creo que no había desayunado ni momentos de arrumacos ni pasión desbordada. Era imposible imaginármelo en tal situación, así que olvidé el tema y me concentré en la pantalla que indicaba los interminables dos minutos para que llegara el tren.

Por fin. "El tren va a efectuar su entrada en la estación". Y entró. Miré al conductor, o lo que quiera que sea el hombre que lleva los mandos en la cabina delantera del convoy. No me sonaba su cara. No sé si es que nunca me había fijado en las caras de los conductores de los trenes, o es que verdaderamente era la primera vez que me subía a su tren. ¿Y él? ¿Se fijaría en la gente que espera en el andén? ¿en las personas que suben y bajan de los vagones con prisa? ¿se habría dado cuenta de que yo le había mirado fijamente? Seguramente no, pero me gusta imaginar que hay gente tan rara como yo.


En el vagón, de pie, cargada con la chaqueta, el bolso, una bolsa con cosas que siempre llevo y traigo del cole y el periódico suburbano, esperé a que el vagón se vaciara en O´Donell. En esa estación el tren se deshinfla y puedo sentarme y ver las caras de los pasajeros que tengo en frente. A veces coincido con tres estudiantes universitarios que cuentan sus "aventuras" y siento envidia de las ganas que tienen de "comerse el mundo"...son tan descarados, y a la vez tan ingenuos...No me los encontré, pero eso no me preocupó. No sería raro que unos universitarios se saltasen las clases de la primera hora.


Llegué fugaz a Mendez Álvaro, y la dejé también de manera fugaz, ya que tengo que correr para no perder el tren de cercanías. Siempre paso corriendo por un puesto de bolsos y botas. Nunca puedo pararme a mirar lo que tienen, no sé si me gusta o no el escaparate, sólo veo a la mujer colocando el género y subiendo las persianas del local. Eso me tranquilizó de nuevo. Parecía que era temprano, y que debía ser la hora "que tenía que ser".


Tras llegar a mi destino, siempre me encuentro con un vendedor de la once que se coloca cada mañana en la misma esquina con su precioso perro labrador. El otro día ya estaban asentados y el perro tumbado de perfil y durmiendo, así que llevarían ahí un rato...Me di prisa, no fuera ya demasiado tarde.


No me encontré con un profesor del colegio que me suele acompañar los 10 minutos de camino que me quedan para llegar a nuestro destino, aquellos días en los que llego con el tiempo justo, demasiado justo, y que su conversación se encarga de hacerme casi imposible llegar a mi hora. Eso sí era buena señal.

Y la mejor señal de la mañana de que todo estaba en orden, o dentro de mi desorden personal y emocional, es que me crucé con él.No sé su nombre. Siempre nos miramos a lo lejos durante un par de minutos en la calle larga y recta, desierta a esas horas. Nunca nos hemos sonreído, y al llegar a cruzarnos y casi tocarnos, ya que es muy estrecho el espacio por culpa de las obras de esa zona, los dos bajamos la mirada y seguimos nuestro rumbo.

Cuando me cruzo con él, sé que llegaré bien al trabajo, y que empezaré bien el día. marca la hora de sonreir y poner mi canción favorita en mi mp3.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

y para cuando el cupon?... :)

Lucíayelseso dijo...

Qué cupón? Yo comprando lotería? Yo paseando con tiempo por delante del vendedor de la once de mi parada?
¿Ya se te ha olvidado cómo soy?

Eso tiene arrglo: me compro uncupón, me toca y me voy a verte a escocia en...el puente de diciembre?

Besitos.

Lucíayelseso dijo...

Hablando de lotería, ya tengo lotería para vender de la asociación del cole. Ya haré publicidad menos subliminal en algún post posterior...así que ir preparando los bolsillos.