viernes, 15 de agosto de 2008

Crónicas Verano 2008: En Venice sin pibe

Como no hay dos sin tres, la vida y sus vueltas me han llevado, por tercera vez, a la ciudad de los canales.

No entraba en mis planes, para variar. Esta tercera vez, simplemente fue por motivos logísticos, ya que coger un Ferry allí hasta Croacia, que era nuestro destino, era bastante más económico que un vuelo directo. Además como Javi no conocía Italia, era buena idea pasar allí uno o dos días.

Como dice un amigo, Venecia es una ciudad para los enamorados o para los melancólicos masocas...y yo debo ser del segundo grupo, me temo.Eso de ir tantas veces a una de las ciudades más plagadas de parejitas del mundo sin tenerla, provoca, primero, envidia y luego...alivio.

Me explico: Al principio ves todas las mesitas con velas a la orilla de los canales decorados con góndolas y piensas: "Jo, otra vez aquí, y ésta vez tampoco vengo con pareja ni voy a catar las góndolas..."...y te deprimes y piensas que te vas a quedar para vestir santos toda tu vida, y bla bla bla... Para colmo, Javi y yo, que íbamos como amigos y residentes en Madrid, la cosa estaba bien negra para ligar. No se nos iba a acercar ni Dios, si es que había algún desemparejado allí, porque todo el mundo piensa que un tío y una tía en esa ciudad, o están de luna de miel, o en breve lo estarán.

Así que nada, ni un colín...Bueno sí, los que nos servían en las mesas.




Luego al ver tanto empalagamiento de parejitas posando en el puente de Rialto, y surcando con cara de bobos las aguas venecianas en góndolas, con los goldoleros vestidos con camisetas de rayas, sientes un poco de alivio al librarte del numerito... Y cuando ves, como vimos, escenas bochornosas de cabreos entre parejas, al puro estilo de "matrimoniadas"...miras al cielo y agradeces estar de vacaciones sin movidas parejiles. Porque viajar en pareja mola mucho cuando estás enamorado, pero también acojonan los roces y movidas que pueden surgir, sobre todo si vas a Venecia, que es el sitio menos oportuno para tener broncas y malos rollos.




Con lo bonito y romántico que es pasear por esas callejuelas y cruzar esos puentes (si no vas cargada con maletas, claro) y si no vas en agosto, porque el calor y la humedad te hacen perder el glamour que "el amor" y dicha ciudad se merecen. Daba penita ver a los músicos de las terrazas de la Plaza de San Marcos dándolo todo "trajeaos" y sudando la gota gorda, bajo un calor del infierno, y las mesas desiertas.




Y justo en frente, que había sombrita, la vida y los turistas les ignoraban. Pobrecitos.



Y pobrecitos nosotros, que para un segundo que nos sentamos, porque no podíamos más, van dos carabinieris y nos levantan del suelo, muy amablemente, eso sí, porque no está permitido dejar descansar nuestro culo en el suelo de la famosa plaza.Con lo cansados que estábamos...y si no mirad mi careto, mirad...que doy muuuucho mieeedoooo...




Volviendo al tema de "el amor" en Venecia, lo bueno que tiene no tener cenas románticas en este lugar, es que si se te resbala y se te cae el tenedor a un canal en uno de sus idílicos restaurantes, como me pasó a mí, te ríes un rato y ya está, sin traumas y sin que se rompa la magia del momento ni nada por el estilo...Eso sí, vaya corte que pasé cuando la mesa de al lado se giró al oir aquel "chop" del cubierto en el agua... Además, ¿es que hay algo menos sexy que comer espaguettis? Porque, a no ser que seas perro en una peli de Disney...es un acto poco sugerente y antimorbo total lo de sonreir con los espaguettis colgando...y sorberlos ya, ni te cuento...





Otra ventaja de ir sin novio/a, es que puedes ir con las pintas que quieras aunque estés en Venecia...



Porque ¡ojú! que calor que hacía, y con tanta gente, que sabe Dios dónde se metían por la noche, porque vida nocturna poquita. De ahí lo de "muerte en Venecia". Sólo encontramos ambiente en una esquina cerca del puente Rialto, donde había una terraza garnde y bares, o mejor dicho, barras, donde la gente se pedía la bebida, sobre todo "birras" y hacían un botellón con mucha clase, eso sí, en ese entorno tan bonito...Pero muy tranquilo todo. Demasiado.Una tarde pudimos disfrutar en aquel lugar de una banda que ensayaba para el Festival de Jazz de Venecia que se estaba celebrando allí esos días. Siento la calidad del vídeo, pero me compré la cámara el día anterior con muchas prisas y no me leí las instrucciones...bueno, es una excusa para justificar lo mala que soy con las cámaras y los zooms...






Por lo visto la marcha está en Lido, que es como Marbella, pero más snob. Flipados nos quedamos cuando llegamos a la playa de Lido y había un cartel que ponía: "Playa Gratis", y efectivamente...ahí estaba todo el mundo, apiñado en pocos metros, que ni Benidorm en sus mejores tiempos. Llegar a la orilla era misión imposible.A ambos lados de los límites formados por vallas y boyas, había kilómetros de arena vacíos, y en cuanto sobrepasabas el territorrio gratis, un ambable segurata de los hoteles contiguos te invitaba a volver al enjambre de veraneantes de tercera clase. Me decepcionó un poco la isla, la verdad. Con eso de ser la casa de la Bienale me esparaba algo más bonito y chulo. No era el Festival de cine de Venecia, pero un día, caminando por una de sus calles, ya más alejada del centro concurrido por los turistas, encontramos en una plaza un Cine de Verano. Ver una peli en un Cine de Verano allí hubiera sido "bellisimo" ,"lo más" para mí...






Pero no pudo ser, porque justo el día que lo encontramos, el día anterior fuimos incapaces de encontrar la plaza, no ponían película por ser domingo, y el lunes partíamos a Croacia. Una lástima. Después de 4 días en Venecia, podeis contratarnos como guías experimentados, porque creo que ya nos conocemos todos los rincones interesantes. Con dos días allí es suficiente, así que con cuatro conocemos la ciudad como la palma de la mano. Porque anduvimos por sus calles, horas y horas...aunque y no sé por qué nunca sabíamos que hora era...




Como tuvimos que esperar hasta el lunes para partir hacia Rovinj(Croacia), porque no había billetes hasta entonces, tuvimos que buscar alojamiento para un día más. Fuimos a parar a un hotel llamado Due Lioni, el cual recomiendo.





Es un hotel un poco escondido, pero precioso, sencillo, con los techos con vigas de madera en las habitaciones, y cuenta con un recepcionista que es todo un personaje. Mayor, delgado e hiperactivo, que hablaba como una metralleta y un poco afeminado. Este se encuentra en el distrito de Cannaregio, que es uno de los más antiguos y de los menos turísticos, y por tanto donde vive realmente la poca población veneciana que habita en la ciudad, ya que el resto suelen ser casas abandonadas y hostales para los turistas. Es una barrio menos espectacular, pero más auténtico, con más encanto, ya que te cruzas con familias y gente que vive allí, y se pueden oir las voces de los televisores haciendo eco en las callejuelas, y ver la ropa tendida en las ventanas.





En este distrito se encuentra Ghetto, que es el Barrio Judío de Venecia, y que es el más antiguo del mundo, y el que dió su nombre a todos los "guettos" o comunidades separadas en las sociedades, dato que, personalmente desconocía. En este barrio, los edificios suelen ser más altos, ya que tenían que aprovechar el máximo espacio y extender las construcciones verticalmente para albergar a la población judía en le barrio. Además de no no leer las instrucciones de las cámaras, tampoco suelo leer las guías, así que fue por casualidad cómo encontramos este lugar. Mi suspicaz sexto sentido y el hecho de cruzarnos con judíos fueron pistas más que evidentes, aunque no caímos del todo, hasta que no vimos el restaurante Israelí "Gam Gam" en el que cenamos estupendamente, nos atendieron muy amablemente y que también recomiendo. Ya hablaré en otra entrada dedicada al "papeo" de restaurantes donde ir y eso.



La verdad es que por mucho que viajes repetidas veces a un lugar, siempre son experiencias diferentes, y cuando nos dirigimos a la "Stazione Maritima San Basilio" para partir rumbo a Croacia, me despedí con cariño de la Venecia que visité este agosto del 2008.





A pesar de lo que sufrí subiendo los puentes con la maleta a cuestas bajo la furia del sol castigador y del descojone de Javi...que ni me ayudaba ni nada...






Claro, alguna desventaja tenía que tener ir a Venecia sin pareja...No creo que vuelva a Venecia en mucho tiempo, hay tantos sitios que conocer...Así que lo de ir en pareja a disfrutar de sus góndolas tendrá que esperar...si es que antes no se ha hundido la ciudad. Como me dice Javi, siempre me quedará París con sus gárgolas, que es una palabra esdrújula que también mola.

2 comentarios:

Daniel S dijo...

Venecia es, efectivamente, más un museo temático del amor pasteloso que una auténtica ciudad a visitar. A menos, claro, que ejerzamos de auténticos viajeros y sepamos caminar y ver la ciudad al margen de los violinistas, gondoleros, puentes de suspiros y omnipresentes tiendas de recuerdos.

Ya es curioso que tu has estado varias veces y sin pareja, yo una vez pero también he ido solo, y un amigo mio lo mismo. Así que la estadistica nos dice que no deben ser tantos los enamorados.

Lucíayelseso dijo...

Bueno, me consuela eso de que haya solteros solitarios y viajeros...me consolaría aún más que me los presentaras,jajaja así podría ir sin complejos a París, la ciudad del amor number one.

Qué biemn que ya estés aquí, seguro que lo has pasado genial ...a ver si me cuentas...

Besitos