jueves, 20 de noviembre de 2008

LA PUTA DEL PERRO

Ese es el nombre de aquella mujer, porque así es como la llaman cuando hablan de ella cada vez que da que hablar. Sus paseos en la acera ya son suficientes para protagonizar y revolucionar las convencionales conversaciones de la gente del barrio. Seguramente alguien sabrá a quien me refiero: a la Puta del Perro.

Rojo y corto, así lleva el pelo. Rojo porque es demasiado mayor para llevar el pelo de un color más oscuro. Endurecería demasiado sus rasgos, ya de por sí ásperos y desagradables como su carácter. El rubio oxigenado destrozaría su débil y castigado cabello que, al igual que su cuerpo, ya había sufrido demasiadas agresiones. Y al igual que su cuerpo, tampoco le gusta que se lo manoseen, y menos sin cobrar por ello.

Por eso son sus manos las que lo tiñen de rojo.Del rojo cereza ,según pone en la etiqueta de aquella marca barata del súper. Por eso sus uñas quedan durante días manchadas de ese rojo, pareciendo más bien los restos un rojo sangre, de una huella de alguna autoagresión. También quedan manchadas de tinte, durante algunos días más, las juntas de las baldosas de la ducha ... Y así, una y otra vez frota y rasca impulsivamente esos restos rojos, esos que dan ese aspecto sucio al lugar destinado a limpiar y purificar su piel cada día.

Pero seguirá haciéndolo así siempre. Eso es mejor que ir a la peluquería. Es mejor que ir a ese sitio lleno de mujeres con pelo en los secadores, sin pelos en las lenguas. Lenguas viperinas recogidas en rulos, esperando la ocasión para soltarse.

Además, a la Puta del Perro nunca le cayeron bien las mujeres. Los hombres tampoco. Ni sus clientes. Ni los curas del colegio religioso a los que tan bien conoce. Siempre fue antipática y borde con todo el mundo. Nunca fue Irma la dulce. Siempre ha sido puta, sin nombre y amarga.El poco sentimiento y afecto que algunas veces siente es para sus perros.

Antes paseaba con un chucho pequeño, banco y negro, muy nervioso y vital. Ahora recorre el barrio con 3 o 4, también pequeños, disfrazados con ridículas chaquetas. Quizá por eso también estén siempre protestando, ladrando de forma aguda y enseñando sus dientecillos afilados. Ella también se disfraza con un chandal viejo mal combinado y gafas de sol para no mostrarse sin maquillaje. A veces sus dientes amarillos también quedan manchados por la barra de labios, porque se los pinta con prisa, sin mirarse en los espejos, entre servicio y servicio.

Siempre sola. Nunca se la ve con clientes, ni se deja ver por bares o restaurantes del barrio. Solo se la ve paseando con sus acompañantes de cuatro patas. Por eso es la Puta del Perro.


2 comentarios:

Arnaldo Amalric dijo...

Qué grande. La puta del perro. Un personaje a ser rehabilitado en este barrio. Y la cantidad de historias de curas que se sabrá esta buena mujer...Yo apuesto que todos menos el Hermano S.

Lucíayelseso dijo...

Bueno, he adornado un poco al personaje,¿no? Pero me alegro de que la reconozcas. Yo también apuesto por lo del Hermano S.(alias el Bhúo). Siempre fue educado, bien peinado y majete. Que no le veo de putas, vaya...Aunque ese rumor de que de joven fue boxeador... tampoco lo veo...
Besitos.