Me perdí, despeinada y sorda por el viento. Mis torpes pies no acertaban en sus pasos y me mareaba. Me había quedado helada y rota, con el frío calado hasta los huesos y cada vez caminaba más rápido sin encontrar el camino. Por la noche llegué a tus manos.Poco a poco dejé de tiritar desnuda en ellas. Dormida y caliente en casa.
viernes, 11 de diciembre de 2009
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