El otro día, escuchando la radio en el coche durante un viaje largo, las interferencias nos llevaron sospecosamente a percibir unas ondas radiofónicas que elogiaban la figura de Benedicto XVI, y su maestría en el uso del lenguaje, y en todo en general, porque "todo lo hace tan bien su Santidad"... Después de leer las "benditas palabras" que el Papa soltó en su viaje a África, cosa que por otra parte no me ha sorprendido, por estar en la misma línea que los muchos discursos al que nos tiene acostumbrados, sea en sus viajes en cualquier país o en el Vaticano; de escuchar las otras perlitas de los locutores de la emisora que todos estais pensando,y de la campaña antiabortista de la Iglesia española, cada vez cobra más fuerza la veracidad de las pruebas que lo relacionan con los hechos acontecidos hace unas semanas en Galicia. Aquí, las escalofriantes pruebas:
Aprovechando la cita gallega en las urnas a la que tenía que acudir Juande, me dejé liar, porque soy una chica fácil, para pasar un fin de semana de desconexión, conciertos y cumpleaños por esos lares.
Después de un viaje de 600 km en coche, senatada encima del mando del garage sin darme cuenta (soy de piedra, sí, me lo haré mirar), llegamos a nuestro destino. Pero por la noche, entre el concierto y las cervezas todos los gatos son pardos...así que no fui consciente hasta la mañana siguiente de dónde me encontraba.
Sería el acento dulce y cariñoso que escuchaba por sus calles...
Sería el cielo gris coruñés que nos dió los buenos días con sueño y nubes...
... el viento coruñés...
... y la rasca que hacía en el Monte de San Pedro,
lo que confirmó que estaba pisando tierras gallegas
y contemplando aguas gallegas también, claro.
Una vez satisfecho nuestro sentido de la vista, había que satisfacer los otros:
El tacto, cuando llegamos a casa de Chema, en la que se estaba taaan calentitos...
El olfato, con la empanada que nos zampamos para ir abriendo boca...a la que no dió tiempo ni a hacer una merecida foto.
Al gusto le deleitamos con la comida rica que nos hizo la cumpleañera Carolina , a quien, inexplicablemente, tampoco plasmamos en una fotografía.
El sentido del oído fue otro afortunado, ya que en casa músicos, ya se sabe...y si son "El reloj Parado" y fans de los Beatles ya os podeis imaginar...
Bueno, no, no os lo podeis imaginar...
Para quien no lo sepa, La Coruña es, después de Liverpool y La Habana, la tercera ciudad en el mundo con una estatua dedicada a John Lennon.
Y os preguntareis, ¿y qué hace John Lennon en los Jardines de Mendez Núñez de La Coruña? Pues porque Chema Ríos se empeñó, se lo curró y lo consiguió. Qué grande. Para los que querais conocer y/o compartir la pasión por los Beatles de Chema aquí os dejo el link de su web. Sólo os puedo decir que estar en su casa es como estar en un Museo Santuario de Los Escarabajos y la buena música en general. Recorrer el pasillo, repleto de joyas, es increíble. Sobre todo si el anfitrión te va explicando las curiosidades y detalles de cada una de sus "niñas" y su relación con los cuatro de Liverpool.
Por ejemplo, la primera guitarra empezando por la derecha, es una del mismo modelo que la primera guitarra que tocó George Harrison. La segunda, la misma que la primera que tocó Lennon ...y así podría seguir con cada una de las que encuentras en el pasillo, ¡o en las habitaciones! como las dos modelos de"Fender Stratocaster", la sonic blue, de color azul, que tenía Lennon, y la misma guitarra pintada de George Harrison tras su estancia en la India, ambas usadas en la grabación de Sgt Peppers.
Si una ignorante del mundo de las guitarras disfruta con estas anécdotas, imaginad los que pueden apreciarlas sabiendo de lo que hablan.
La verdad, es que lo máximo para mí fue tomar un café en la sobremesa, hecho en la mismísima cafetera que usó John Lennon! ¿Una frikada?, tal vez, y es que, mola taaaanto...
Pues sí, Chema tiene la auténtica cafetera de John, que se la regaló Rosaura Lopez , la mujer que trabajó en la casa del matrimonio Lennon-Ono durante años.
Y bueno, ya sólo de pensar que "mi John "se puso en algún momento esa ropa...
es que me pongo mala...pero mala mala, de meterme en la cama con el kimono y todo,
a pesar de los gayumbos cutres-antimorbo que gastaba, "carayo"...
hasta que la lista de "La Yoko" lo solucionó.
Y hasta aquí el post a la gallega , con la inestimable colaboración de la juandepedia musical y los documentos gráficos e históricos de Chema Ríos.
Anoche compré una caja grande de bombones. Esta mañana, a las 7:45, saqué la apetecible caja roja de la nevera para llevarla al curro por ser mi cumpleaños. La miraba en el ascensor pensando que quedaría fatal que la abriese y me comiera alguno de esos irresistibles bombones. Con lo que endulzarían mi camino... Entonces me acordé de que no a todos mis compañeros les gusta el dulce, y me puse a buscar alguna panadería para comprar algó salado para ellos. Pero a esa hora estaba todo cerrado, salvo los quioscos. Hasta las 8:00 no comienza la vida en mi barrio, ni siquiera en el Opencor donde compré los bombones la noche anterior. Sólo bajo tierra, en el metro, o dentro de los autobuses, con la sensación de estar seudoenterrado también, parece ser todo igual a cualquier hora. Bueno, las paradas de autobuses también son pequeños oasis donde se concentra la vida pasa el tiempo, aunque tarde en venir el ansiado bus, y el único movimiento perceptible sea el de las muñecas para mostrar la hora, o el de un pie nervioso golpeando el suelo, como si llamara en código morse a un conductor de autobús con extrema urgencia. Ya eran las 8:00. Ya no llegaría puntual a la reunión si cogía el transporte público, así que cogí un taxi. Más tranquila, sabiendo que ya podría llegar a tiempo y que a esas horas todavía no había demasiado tráfico, he podido disfrutar de los primeros momentos de mis 29 años. Sin prisas, y contemplando como se iba despertando la ciudad y cómo iba cumpliendo un día más. A las 8 y 29 entré por la puerta con la caja de bombones y tardé un minuto en abrirla.
Él poseía ese arte. Mantenía el equilibrio sobre la cuerda, floja y fina,larga e interminable, sin esfuerzo. Mantenía también siempre los pies fríos, así que ya apenas notaba el tacto de la soga bajo sus plantas. Sólo tenía que concentrarse en mantener también fría la cabeza, levantada, mirando siempre al frente.
Sus brazos eran fuertes alas que le permitían corregir cualquier desvío que pudiera tener el peso de su cuerpo en el espacio. Siempre centrado, siempre uniforme e imperturbable ante cualquier golpe del viento.
Hasta que aperació ella. También funambulista como él. Un hormigueo recorrió su pecho y el calor se repartió por sus venas y arterias hasta hacerle sudar. No podía dejar de mirarla y de desear tocarla. Pero no podía, porque sus manos estaban ocupadas y agitadas, intentando mantener el equilibrio necesario para no caer. La caída podría ser mortal. La caída podría ser la definitiva.
El hormigueo se transformó en miedo e hizo que sus rodillas empezaran a doblarse y a perder fuera. Parecía que su cuerpo pesaba más, pero al mismo tiempo, era la primera vez que sentía que estaba flotando, que sentía que había aire y vacío bajo sus pies. Sus pies también sudaban, y resbalaban peligrosabente, haciéndole titubear en sus movimientos y acelerando sus latidos.
Dónde estaba su equilibrio. Ahora que más lo necesitaba...le dejaba solo y sin fuerzas en el abismo más inmenso que jamás se había encontrado. Y ella se acercaba y se alejaba, con tanta seguridad...Ligera sobre la cuerda, sin tener que mover apenas sus brazos, sin despeinarse con el aire que él movía con los suyos para mentenerse derecho. Se deslizaba delicada y sonreía. Parecía feliz, aunque no sentía absolutamente nada. Andaba demasiado pendiente de su equilibrio y de su camino. No sentía la presencia de él ni el calor que este desprendía por ella.
Él luchaba contra su cuerpo y sus movimientos involuntarios, lo hacía con todas sus fuerzas y contra todas las fuerzas que le hacían tambalearse. Hasta que ya no pudo más. La miró por última vez. Y miró hacia abajo, sin poder ver el suelo que se hallaba tan lejano. Sintió vértigo. Perdió del todo su sentido de la orientación que siempre le había hecho saber dónde se encontraba y adónde tenía que dirigirse. El equilibrio era ya imposible contenerlo un segundo más. Se mareó y cayó.
Se rompió todos los huesos de su cuerpo. Nunca más podría subirse a la cuerda. Y entonces sintió un dolor que jamás había sentido. Y lloró como nunca había llorado. hasta que ya no pudo llorar más, y el dolor empezó a mitigar.
Pasó mucho tiempo. Un día pudo incorporarse; días después, levantarse. Luego empezó a caminar sobre suelo firme, pisando la delgada sombra que se proyectaba de la cuerda que quedaba a muchos metros de altura. Cojeaba y se clavaba cristales y piedras que había en el suelo. Sus pies tenían que aprender a caminar sobre esa superficie. Lo querían hacer despacio, sintiendo el suelo bajo cada dedo. Ahora andaba mirando al suelo, sin pincharse con nada, sin tropezar con ningún objeto tirado con el que se encontraba.
Hasta que se encontró con unos pies heridos frente a los suyos. Fue levantando su mirada, recorriéndola por las piernas y el cuerpo de la mujer a los que pertenecían. No, no era la mujer funambulista. Tampoco lo eran las demás personas que podía ver a su alrededor.Pero ahora podía mirar hacia arriba, hacia abajo, y girar sobre sí mismo. Podía seguir dando pasos en cualquier direción a la vez que lo contemplaba todo.
Vió a gente corriendo, saltando e incluso tumbados, retozando en el suelo, ocupando las manos en el cuerpo de sus amantes. Pero no estaba su funambulista.
Llegó a una escalera trenzada que subía hasta la cuerda de la que cayó. Subió. Esta vez cogería impulso y se tiraría conscientemente, estudiando la caída como si fuera un gato o un actor especialista... y con ella de la mano.
Sí, también se me quedarán muchos momentos grabados en mi memoria no fotografiados. Como el recuerdo que me llevaré del musical de Queen "We Will Rock You". No teníamos pensado verlo, pero luego allí, tras pasar varias veces dentante del teatro, nos entró el gusanillo. Eso y el caer en la cuenta de que escuchar los temas de Queen, precisamente en Londres, cantadas en inglés y por ingleses (creo que en Madrid han traducido algunos temas)no podría estar mal.
Además, teniendo en cuenta que el público inglés debe ser bastante exigente y crítico, por no decir borde, y mucho más con algo tan suyo y tan querido por sus fans, y que lleva tantos años reprensentándose en la capital londinense...Pues pensamos que tendría que ser bueno, ¿no? Así que decidimos no perdérnoslo.
Si bien es verdad que queda muy lejos de las posibles comparaciones con el directo del grupo (digo yo, porque no tuve la suerte de verles), creo que te hace disfrutar de la música y pasar un buen rato. Además ver a las abuelas inglesas con mofletes sonrosados y pelo blanco vibrar y enloquecer con los temas de Queen no tiene precio.
Yo me lo pasé como una enana y agradecí que fuera un musical y que no tuviera mucho diálogo, por culpa de mi cada vez más olvidado y patético inglés, ese que me impidió ver "Spamalot" y el que hace que me tenga que conformar con poder ir a verlo a Barcelona.
Lo que eché de menos fue escuchar el "Show must go on", que por lo visto sólo lo tocan en ocasiones especiales, como aniversarios de la obra o en cumpleaños del mítico cantante. Y para "show", el que debió ser la aparición en escena de Brian May en el escenario en uno de esos días especiales...
Bueno, el viajecito se me hizo muy corto. Cuatro días, con comienzo de rebajas incluído,
justas y necesarias manifestaciones a favor del pueblo palestina, con sus consecuentes calles y transportes cortados,
Las chimeneas de Mary Poppins y sus deshollinadores:
La hora del movil sincronizada con el El Big Ben.
El atardecer en Hyde Park, el Parque donde se esconde el "niño eterno"...Peter Pan.
Hay que perderse entre sus árboles y buscarlo cerca del lago Serpentine (no lo hicimos, ya que lo dejamos para el último día y sólo pudimos adentrarnos en el parque para cruzarlo, con maletas y todo, antes de irnos al aeropuerto)...
El quedarme helada (en todos los sentidos)con sus rincones
Ir de "shopping" paseando por los mercadillos y sus colores:
Portobello, en el snob barrio de Noting Hill,
o Candem Town...
para conocer el Londres más "alternativo"...
Donde pasarás inadvertido, vistas como vistas, seas como seas...
Lleves el peinado que lleves (no se ve bien el letrero)
Ya que es el lugar adecuado para encontrar tu sitio, para encontrar lo que buscas...
Aunque también hay gente que prefiere buscarlo en las famosas cabinas de teléfono...
que nos confirman que el rojo es el color que queda bien con todo
sobre todo con el gris de sus calles,
tranquilas
bulliciosas
o míticas
Las canciones que resuenan en Charnin Cross y las preciosas guitarras de los 60 y 70 que se pueden encontrar en sus tiendas
junto a los bajistas y cantantes que se anuncian en las paredes de sus callejones.
Las ganas de comprarme todos los juguetes, caramelos, trenes, soldaditos de plomo y chorradas que se pueden encontrar en la juguetería Hamley´s, una de las más grandes del mundo, que existe desde 1716. Y es que ahí molan desde los ascensores
hasta el peluche que siempre quisite tener de pequeño
Bueno, y lo mejor de todo, fue que no sólo no nos llovió ni un solo día, si no que nos acompañó un cielo intensamente azul
y un frío polar inusualmente soleado
que hizo que regresara a Madrid quejándome de haberme perdido una nevada en Londres...( sí, hay que tener cuidado con los deseos...)