domingo, 27 de julio de 2008

La vida patas arriba

En una entrada anterior hablé de un hombre que vive entre cartones en la calle Serrano, y de su perrita "Vida", a la que rescató de correr la misma suerte que sus 3 hermanos muertos en una alcantarilla.

Pues bien, alguien se paró el otro día a hablar con él. Al principio la conversación se centraba en la pequeña perrita y en sus juegos revoltosos. Poco a poco en la conversación trivial sobre el tiempo atmosférico y el calor que hace estos días en Madrid aparecieron otros temas, también sobre cambios y fuerzas de la naturaleza, pero esta vez sobre los movimientos sísmicos que se producen en nuestro interior. Ambos tenían la vida y los sentimientos revueltos.

Él, sucio, oliendo a sudor y a alcohol.Se llama Antonio y nació en 1956, auqnue aparentaba 10 años más. Ella preciosa,su olor incitaba a besarla. Joven, aunque a veces desengañada y desilusionada antes de cumplir los 30. Él le cedió su "lecho" de cartón y ella, vestida con su mejor traje de chaqueta se sentó en él. Delante de sus pies, los de él roñosos y heridos, los de ella, suaves y vestidos con unas elegantes sandalias,desfilaban pisadas veloces, indiferentes y ajenas a su conversación.

Tres pares de zapatos de tacón se pararon frente a la cachorrita. Eran tres pijas que sonreían enseñando los dientes y arrugando la nariz como tres hienas:

-¡¡¡Ooooohhhhh!!! Pero qué monoooooooooo...

Antonio se levantó de un salto, moviendo sus brazos como un gorila bruto y tierno en medio de la jungla:

- ¡Pues dame algo pá el mono!

Como era de esperar, salieron espantadas en busca de otro escaparate menos descarado.

Ambos se reían de lo mierda que era la vida. Se sentían tan bien...y los minutos pasaban, y no pesaban...¡Qué gran día!

- Esto ya va pareciendo una familia: el padre, la madre, el bebé...¡sólo nos falta el criado!- decía Antonio, mientras se fumaba un cigarro mugriento sujetado por sus manos callosas y ásperas.

Una hora más tarde, se despidieron. Ella tenía que volver al trabajo. Él tenía que volver a su soledad, sin una joven a su lado a la que hablar, a la que oler. Él volvió a ser invisible, y ella a desear serlo y desaparecer, al menos durante el tiempo necesario. Ambos volvieron a sus vidas, que como aquel animal inocente e indefenso, estaban patas arriba.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

se me han puesto los pelos de punta!!!
dios santo cómo escribes!!!

a ver si mañana puedo hablar de nuevo con él y te cuento.

besos

la madrina

El Autor dijo...

Eso es innegable, escribes estupendamente bien. Ya que siempre dices que tienes ganas de "hacer algo creativo" creo que deberias probar por el lado de la escritura. La historia de vida, desde luego, es mágica.

Anónimo dijo...

Escribes muy bien y la calidad de la historia, aún mejor. Ojalá hubiera más gente que mirara con los mismos que tu amiga y alzara el lápiz con la misma delicadeza de tu relato. -¿Y a mí quien me ha dado vela en este entierro?- Me apetecía opinar

Lucíayelseso dijo...

¡Ay! ¡pero qué majetes que sois! Lo de la "anónima" y lo de Dani lo comprendo, porque siempre recibo vuestras palabras desde el cariño. Y a Extraviada, jo, muchas gracias por tu opinión. Si siempre vas a opinar cosas así...¡claro que estás invitada a este entierro! Es broma. Puedes opinar siempre que te pases por aquí, sea cual sea tu opinión.
Bueno, así da gusto volver de las vacaciones...